Mayo, una oración a María cada día. 28/05

Llegando casi al final del mes de Mayo, mes de María, no nos podía falta Ella, la Virgen Niña. Honraremos hoy a Nuestra Reina en su infancia. Y la oración de hoy la dedicamos especialmente para todos los niños:

alix maria

ORACIÓN A LA VIRGEN NIÑA

Dulcísima Niña María, radiante Aurora del Astro Rey, Jesús, escogida por Dios desde la eternidad para ser la Reina de los cielos, el consuelo de la tierra, la alegría de los ángeles, el templo y sagrario de la adorable Trinidad, la Madre de un Dios humanado; me tienes a tus plantas, oh infantil Princesa, contemplando los encantos de tu santa infancia. En tu rostro bellísimo se refleja la sonrisa de la Divina Bondad, tus dulces labios se entreabren para decirme: “Confianza, paz y amor…”

¿Cómo no amarte, María, luz y consuelo de mi alma…, ya que te complaces en verte obsequiada y honrada en tu preciosa imagen de Reina parvulita? Yo me consagro a tu servicio con todo mi corazón. Te entrego, amable Reina, mi persona, mis intereses temporales y eternos. Bendíceme Niña Inmaculada, bendice también y protege a todos los seres queridos de mi familia. Se tu, Infantil Soberana, la alegría, la dulce Reina de mi hogar, a fin de que por tu intercesión y tus encantos reine e impere en mi corazón y en todos los que amo, el dulcísimo Corazón de Jesús Sacramentado. Amén.

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LEYENDA DE LA VIRGEN NIÑA

(Angélica Fuselli – Argentina)

Contaban las abuelas, y cuentan todavía,

un recuerdo de infancia de la Virgen María.

Siendo niña, la Virgen fue al jardín a jugar.

Florecieron las flores para verla pasar.

Con sonrisa de cielo, la chiquita María

mirábalas a todas, y a todas sonreía.

Ellas, ingenuamente, le ofrecierona coro

sus mejores encantos, todo un regio tesoro

de frescura y fragancia, de alegría y colores,

que es patrimonio viejo, muy viejo, de las flores.

Habló la rosa y dijo: – “A mí la primavera

me ha coronado reina… si mil reinos tuviera,

con tal de complacer a la Virgen María

¡los mil reinos, de hinojos, se los ofrendaría!”-

Y asomaron los lirios, trémulos de blancura,

y asomó la azucena, como la nieve, pura,

y asomaron las dalias, con tiesura de diosas,

y las tiernas campánulas, menuditas y ansiosas,

sacudían sus cálices brincando de alegría,

porque al pasar, la Virgen también les sonreía,

tan dulce, tan graciosa, tan cariñosamente

que todas se animaron a besarle la frente.

Mas la Niña bendita no escogió. Vacilaba…

Mirábalas a todas y a ninguna cortaba.

De pronto, casi ocultas debajo de las hojas

vió que había unas flores gimiendo sus congojas,

tan tímidas que apenas levantaban la voz,

era como si hablaran sólamente con Dios.

Ya no dudó un instante. Llegó y con gesto breve,

cortó las florecitas con sus manos de nieve.

Las dalias y azucenas se pusieron celosas,

y celosos los lirios, campánulas y rosas,

mientras por el sendero lentamente volvía,

“Violeta entre violetas, la Reinita María”.

Y Dios, que hace a las flores nacer en los senderos,

proclamó que los últimos serían los primeros. 

Sin título

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