Elevación a la Santísima Trinidad, de Sor Isabel de la Trinidad

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“¡Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro!

Ayúdame a olvidarme totalmente de mí

para establecerme en Vos, inmóvil y tranquila, 

como si mi alma estuviera ya en la eternidad.

Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Vos,

oh mi Inmutable, sino que cada momento me sumerja

más íntimamente en la profundidad de vuestro misterio.

 

Pacificad mi alma; has de ella vuestro cielo, 

vuestra morada predilecta, el lugar de vuestro descanso. 

Que nunca te deje allí solo

sino que permanezca totalmente con Vos, 

vigilante en mi fe, en completa adoración 

y en entrega absoluta a vuestra acción creadora.

 

¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor!

Quisiera ser una esposa para vuestro corazón; 

quisiera cubrirte de gloria; 

quisiera amarte hasta morir de amor. 

Pero reconozco mi impotencia. 

Por eso te pido ser revestida de Vos mismo,

identificar mi alma con todos los sentimientos de vuestra alma,

sumergirme en Vos, ser invadida por Vos, 

ser sustituida por Vos

para que mi vida sea solamente una irradiación de vuestra vida.

Venid a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

 

¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! 

Quiero pasar mi vida escuchándote;

quiero ser un alma atenta siempre a vuestras enseñanzas

para aprenderlo todo de Vos.

Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, 

de todas las impotencias,  quiero mantener mi mirada fija en Vos 

y permanecer bajo vuestra luz infinita.

 

¡Oh mi Astro querido! Fascinadme de tal modo

que ya no pueda salir de vuestra irradiación divina. 

 

¡Oh Fuego abrasador, Espíritu de amor!

Venid a mí para que se realice en mi alma 

como una encarnación del Verbo.

Quiero ser para Él una humanidad suplementaria 

donde renueve todo su misterio.

 

Y Vos, oh Padre, proteged a vuestra pobre criatura,

cubridla con vuestra sombra, 

contemplad solamente en ella

al Amado en quien has puesto

todas vuestras complacencias.

 

¡Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, 

Soledad Infinita, Inmensidad donde me pierdo!

Me entrego a Vos como víctima.

Sumérgete en mí para que yo me sumerja en Vos

hasta que vaya a contemplar en vuestra luz

el abismo de vuestras grandezas”.

(Beata Sor Isabel de la Trinidad, 21 de noviembre de 1904, en Obras Completas).

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