El don de la discapacidad – “Mi niño especial”.

Ciertamente la discapacidad es desconcertante. Algo que nunca se espera, ni mucho menos se desea. En nuestro grupo de oración lo entendemos muy bien. Somos todas discapacitadas, y tenemos familia discapacitada, incluyendo niños pequeños.

invidentes1Cuando la discapacidad llega a nuestra vida, ya sea en uno mismo o en uno de nuestros seres queridos, parece que el mundo se desmorona. Nos invade un dolor muy grande, y una incapacidad para comprender la situación. Es sobre todo difícil de comprender el porqué de lo que esta pasando. Teníamos sueños, expectativas de vida, de una vida normal que de repente se evapora. Y empezamos a comprender que estamos excluidos del mundo de lo “normal”.

La vida se nos pinta de otro color tan distinto al que habíamos planeado. Al principio es especialmente difícil, hay tantas cosas que superar, tanto a que renunciar. Sin que nos demos cuenta atravesamos un proceso de aceptación que puede resultar verdaderamente sufrido. Luego, pasado este primer momento, vemos como empezamos a ver todo de un modo diferente, y resulta que nos damos cuenta de que aquella vida “normal” que tanto nos dolía perder, aquel mundo normal, no era tan imprescindible como creíamos.

La discapacidad es un don. No esta escrito en ningún libro, pero siendo discapacitado o teniendo familia discapacitada, esto se comprende muy bien. Habrá quien se pudiera enojar por esta formulación de la discapacidad como don. Y hasta me podrían decir “¡Qué don, si no hago otra cosa que sufrir!”. Y es que justamente en ello reside el secreto.

Por allí he leído que Dios permite solamente aquellos males que son necesarios para nuestra santificación. Sin embargo, en algunos casos va más allá. Pienso en las palabras de Santa Teresa de Jesus, cuando le dice a sus hijas que el alma debe ser un jardín donde el Esposo pueda venir a reposar de los desprecios del mundo. En la discapacidad sucede algo similar. Es que este tipo de dolor es como aroma de lirios perfumados para Él. No solo hablamos del discapacitado, tambien de su familia. Se desarrolla una clase de amor tan fuera de los parámetros del mundo que se convierte en ofrenda perfecta. No podemos ofrecer al Señor nada que sea más puro que nuestro dolor.discapacidad

Nos ha costado mucho comprender esto. Porque la pregunta aquí sería “¿Es que Dios disfruta con nuestro dolor? ¿Qué clase de Dios es este?”

Miren, cuando Dios creó a Adán y a Eva, lo hizo por amor, y para que fueran felices. Pero lo arruinaron. Y muriendo por el pecado fue que la humanidad se condenó a la enfermedad y la muerte. Dios no es responsable por esto. La justicia perfectisima de Dios no podía dictar otra sentencia que esta. Es más, si el Señor no hubiera muerto en la Cruz por nosotros, ni siquiera podríamos entrar al cielo.

Pero Dios encontró el modo de que este destino inevitable de dolor se nos ponga a favor. Ofrenda perfecta que además, no solo nos enriquece haciéndonos crecer en riquísimas virtudes, sino que este dolor ofrecido ¡salva almas! Así es que, como dice San Pablo:

Sin título

Debemos comprender que los que somos de Cristo ya no viviremos nunca más bajo las leyes del mundo. Pues no somos del mundo sino de Dios. Es especialmente duro entender que no habrá una vida “normal”. Habrá una vida diferente acorde a la discapacidad. ¿Inútil? De ningún modo. Seremos útiles al modo de Dios, que es muy diferente al modo del mundo y de los hombres. Nuestra “utilidad” reside en dar gloria a Dios a través de la discapacidad y sus penurias. ¿Acaso hay algo más importante que Dios? ¿Acaso hay obra más importante que la tarea de salvar almas para llevarlas a Dios? Ese es el fruto de nuestra ofrenda perfecta. Y en Dios recibimos dignidad, en Dios son importantes nuestras vidas, nuestras familias, nuestra misión en el mundo.

Siéntanse dignos, siéntase amados, siéntanse útiles y siéntanse obreros de Dios, desde una cama, desde una silla de ruedas, del modo en que su discapacidad les indique. Del modo en que Dios indique. Y glorifiquen al Señor, porque no irán al cielo solos. Llevarán a muchos con ustedes.

Les dejamos el testimonio de alguien que algo sabe del tema. Martin Valverde tiene un niño con parálisis cerebral. El primer vídeo es su testimonio. Y el segundo es la misma canción, pero cantada a dúo… con su niño especial.

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Un pensamiento en “El don de la discapacidad – “Mi niño especial”.

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