Sobre la oración. Relacionarse con el Padre.

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Cuántas páginas harían falta para hablar sobre oración. De hecho Santa Teresa de Jesús se tomó la vida para hablar de ella. Tantos santos y doctores de la Iglesia han dicho tantas cosas como posible sea deducir sobre este tema, en función de la experiencia personal con la oración.

Y es que es eso: “Tratar de amistad con aquel que sabemos, nos ama”. Y si hablamos de amistad, bueno, cada persona es un mundo, con historias personales buenas o malas, con dones propios y tratos más cercanos o distantes, con culturas diferentes. Y cada cual tiene su manera única y particular de comunicarse y de establecer vínculos con un otro. Por ello cada relación de amistad es única y diferente de las demás. Y si llevamos esto a la amistad con Dios, que es inmutable, pero nosotros tan variables, la oración, es decir ese trato personal con Dios siempre será único y particular con cada ser creado.

Dios, al darnos la libertad (para alabarlo, para eso fuimos creados), en su infinita sabiduría ha querido que cada persona sea diferente de la otra, y en esa diferenciación, en esa particularidad que cada uno posee, se termine formando un abanico de alabanzas de múltiples formas y sonidos, gestos, colores y devociones. No somos clones, no somos máquinas, somos sus hijos, y cada hijo tiene una forma distinta de relacionarse con su Padre. Una forma distinta de besarlo, de abrazarlo, una confianza más cercana o más discreta y prudente, tiempos diferentes, apasionamientos diferentes.

Y Dios, que conoce a cada hijo suyo como buen Padre que es, sabe de estas diferencias, de estos tratos particulares, aunque siempre este buscando que este lazo se estreche, sea más sólido y estable. Y sabe por qué camino conducirnos a nosotros, sus hijos, para llegar al lazo perfecto con Él.

“Amar a Dios por sobe todas las cosas”

El primer mandamiento no está en primer lugar porque sí. Es la esencia de la vida misma. Para eso fuimos creados. Y esa es la llave de la plenitud y la felicidad. En ese especialísimo trato de amor con el Padre se nutren y encuentran vida todas nuestras otras relaciones con el resto de los vivientes y con el resto de la creación.

Como nos cuesta entender esto. Creemos que por amar a Dios por encima de todo, amaremos menos a nuestros hijos, padres, hermanos o lo que fuere. Es todo lo contrario. En la virtud de privilegiar este amor al Padre de los cielos se incrementan, purifican, solidifican todas nuestras otras relaciones.

Podría recomendarles muchos libros en este momento. Pero si no nace en el corazón esta necesidad, este querer tener una relación personal con Dios, nuestro Padre, el resto serán palabras que se las lleve el viento. Los que escribieron esas palabras primero entendieron esto. Y luego del corazón surgieron estas palabras como consecuencia lógica del trato personal con el Padre.

¡Es tan bello nuestro Padre! No se priven de una relación con Él. Nadie diga no puedo. El amor no se siente de golpe, el amor se construye.

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