Contemplar  los iconos. 11- El bautismo del Señor.

Contemplar los iconos. 11- El bautismo del Señor.

En el Primer Misterio Luminoso, el Bautismo del Señor en el río Jordán.


En este icono Jesus entra en el Jordán, que recuerda la muerte y las aguas del diluvio. En la tradición de la Iglesia estas aguas son llamadas «sepulcro fluido»: «La inmersión y la emersión son imagen del descenso a los infiernos y de la Resurrección» (San Juan Crisóstomo).

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La imagen está divida en dos por un eje vertical, cuyo centro es la Santísima Trinidad: el Padre en el cielo, el Hijo en la Tierra, y el Espíritu Santo que desciende. En otros ejemplares, esto se acentúa con la imagen del rayo divido en tres haces que descienden.

En el centro esta Jesus, orientado hacia Juan, esperando su bautismo, pero bendiciendo a su vez las aguas, que tambien son bendecidas por Juan. Que con una mano bendice a Jesus, y con la otra las aguas, como parte del ritual del Bautismo.bautismo-1

Los personajes en el agua, tienen cierta equivalencia a la calavera que habíamos visto en el icono de la Crucifixión, cuando Jesus vence a la muerte. Aquí, los demonios huyen, y los muertos son vueltos a la vida. Cristo vence a la muerte por el bautismo.

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Lo que sostienen los ángeles no es una toalla, sino un paño. Símbolo de lo sagrado. Cristo debe ser tocado con el paño por respeto a lo sagrado de su Persona.

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El árbol con el hacha hace alusión a la palabra evangélica:

«Ya está el hacha puesta a la raíz del árbol, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego» (Mt 3,10).

 

Para finalizar les dejamos esta maravilla del Siglo XV, pintada por Andrei Rubleiv, en la Catedral de la Dormicion, en Vladimir, Rusia.

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1- La Anunciación

2- La Visitación

3- La Natividad 

4- La presentación del Niño en el Templo

5- Jesus entre los doctores de la ley

6- Oración de Jesus en el huerto

7- La Flagelación del Señor

8- La Coronación de espinas

9- Jesus con la cruz a cuestas

10-La cucifixión del Señor

La visitadora

La visitadora

Les dejo estos maravillosos versos, cortesía de mi amigo, el cura Miguel.


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La visitadora

Recitado por Miguel Ruiz Tintoré

Click en la imagen

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Era Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujiera cuando entrara.
Era una mujer seca, harapienta y oscura
con la frente de arrugas y la espalda curvada.

Venía sucia de barro, de polvo de caminos.
La iluminó la luna, y no tenía sombra.
Tembló María al verla; la mula no, ni el buey,
rumiando paja y heno igual que si tal cosa.

Tenía los cabellos largos color ceniza,
color de mucho tiempo, color de viento antiguo.
En sus ojos se abría la primera mirada,
y cada paso era tan lento como un siglo.
Temió María al verla acercarse a la cuna.
En sus manos de tierra, ¡oh Dios!, ¿qué llevaría…?
Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente
y le ofreció la cosa que llevaba escondida.

La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.
¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!
El Niño la miraba. También la mula. El buey
mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.

Era en Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujió cuando se iba.
María al conocerla gritó y la llamó: «¡Madre!»
Eva miró a la Virgen y la llamó: «¡Bendita!».

¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!
Afuera aún era pura, dura la nieve y fría.
Dentro, al fin, Dios dormido sonreía teniendo,
entre sus dedos niños, la manzana mordida.

Antonio Murciano

“La Divina Misericordia en mi alma” – Diario de Santa Faustina Kowalska

“La Divina Misericordia en mi alma” – Diario de Santa Faustina Kowalska

¿Queremos aprender sobre la Divina Misericordia?  ¡Acá los dejo con la experta!

Santa Faustina es apóstol de la Misericordia de Dios. Una persona pequeña. Pero de las pequeñas personas gigantescas. Santa amiga si la hay, a quien les aconsejo que acudan siempre pidiendo su poderosa intercesión. Amiga de los santos perfumes celestiales, siempre dispuesta a que un alma se salve. La Divina Misericordia se le hizo carne por la privilegiada convivencia cotidiana con el Señor de la Misericordia en persona.

Les dejo para descargar su diario, para que lo saboreen de a poco. Nútranse de esta fuente inagotable del amor del Señor.


Para descargar click en la imagen:

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Novena a la Divina Misericordia

Novena a la Divina Misericordia

Sor Faustina escribió en su Diario: El Señor me pidió que rezara este rosario (la coronilla) durante los nueve días que preceden a la Fiesta de la Misericordia, comenzando el día de Viernes Santo. Entonces, me dijo: Por esta novena concederé todas las gracias posibles a las almas (11, 197). También se puede hacer esta novena en otros momentos y por cualquier necesidad.

Palabras de Nuestro Señor que Sor Faustina tomó por escrito:
Deseo que durante estos nueve días encamines almas hasta el manantial de Mi misericordia, para que encuentren allí la fortaleza, el refugio y toda aquella gracia que necesiten en las penalidades de la vida, y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a Mi corazón un grupo de almas diferentes y las sumergirás en el océano de Mi misericordia y Yo conduciré todas esas almas a la mansión de Mi Padre… Todos los días implorarás a Mi Padre gracias para esas almas en atención a los méritos de mi amarga Pasión.

Yo (Sor Faustina) contesté: Jesús, no sé cómo hacer esta novena y qué almas traer al abrigo de Tu Compasivo Corazón. Jesús contestó que El me haría saber qué almas encaminar hasta su corazón cada día. (Diario HI, pp. 57-65)

Tiene Indulgencia Plenaria, establecida por Juan Pablo II para toda la Iglesia el segundo Domingo de Pascua, tal como pidió Jesús en el Diario de Santa Faustina.

Al final de la página encontrarán el archivo para descargar e imprimir:


NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

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Se rezan las oraciones del día y se finaliza con la Coronilla de la Divina Misericordia.

PRIMER DÍA

Hoy tráeme a todo el género humano, especialmente a los pecadores y sumérgelos en el océano de Mi misericordia. De esta forma me consolarás de la honda pesadumbre en que me sume la pérdida de las almas.

ORACION

Misericordiosísimo Jesús, cuya prerrogativa es tener compasión de nosotros y perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en Tu bondad infinita. Acógenos en la morada de Tu Piadosísimo Corazón y no permitas que salgamos jamás de el. Te lo pedimos por el amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

Padre Eterno, vuelve Tu compasiva mirada hacia todo el género humano y en especial hacia los pobres pecadores, todos unidos en el Piadosísimo Corazón de Jesús. Por los méritos de Su dolorosa Pasión, muéstranos Tu misericordia, para que alabemos la omnipotencia de Tu misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.

SEGUNDO DÍA

Hoy tráeme las almas de los sacerdotes y religiosos y sumérgelas en Mi misericordia insondable. Fueron ellos los que me dieron fortaleza para soportar hasta el fin las amarguras de Mi Pasión. A través de ellos, como por canales, Mi misericordia fluye hasta los hombres.

ORACION

Misericordiosísimo Jesús, de quien procede toda bondad, multiplica Tus gracias sobre las religiosas consagradas a Tu servicio, para que puedan hacer obras dignas de misericordia; y que todos aquellos que las vean, glorifiquen al Padre de Misericordia que está en el cielo.

Padre Eterno, vuelve Tu mirada misericordiosa hacia el grupo elegido en Tu viña – hacia las almas de sacerdotes y religiosos -; dótalos con la fortaleza de Tus bendiciones. Por el amor del corazón de Tu Hijo, en el cual están unidos, impárteles Tu poder y Tu luz, para que guíen a otros en el camino de la salvación y con una sola voz canten alabanzas a tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

TERCER DÍA

Hoy tráeme a todas las almas devotas y fieles y sumérgelas en el océano de Mi misericordia. Ellas me confortaron a lo largo del Vía Crucis. Fueron gota de consuelo en un océano de amargura.

ORACION

Misericordiosísimo Jesús, del tesoro de Tu misericordia distribuye Tus gracias a raudales entre todos y cada uno de nosotros. Acógenos en el seno de Tu Compasivísimo Corazón y no permitas que salgamos nunca. Te imploramos esta gracia en virtud del más excelso de los amores; aquel con el que Tu corazón arde tan fervorosamente por el Padre Celestial.

Padre Eterno, vuelve Tu piadosa mirada hacia las almas fieles, pues que guardan el legado de Tu Hijo. Por los méritos y dolores de Su Pasión, concédeles Tu bendición y tenlos siempre bajo Tu tutela. Que nunca claudique su amor o pierdan el tesoro de nuestra santa fe, sino que, con todo el ejército de Angeles y Santos, glorifiquen tu infinita misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

CUARTO DÍA

Hoy tráeme a los que no creen en mí1 y a los que todavía no me conocen. Pensaba en ellos durante las angustias de Mi Pasión, y su futuro fervor servía de consuelo a Mi corazón. Sumérgelos en el océano de Mi misericordia.

ORACION

Piadosísimo Jesús, Tú que eres Luz del género humano, recibe en la morada de Tu corazón lleno de compasión, las almas de aquellos que todavía no creen en Ti, o que no te conocen. Que los rayos de Tu gracia los iluminen para que también, unidos a nosotros, ensalcen tu maravillosa misericordia; y no los dejes salir de la morada de Tu corazón desbordante de piedad.

Padre Eterno, vuelve Tu piadosa mirada a las almas de aquellos que no creen en Tu Hijo y las de aquellos que todavía no te conocen pero anidan en el Compasivo Corazón de Jesús. Aproxímalos a la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellos ensalcen la generosidad de Tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

QUINTO DÍA

Hoy tráeme las almas de nuestros hermanos separados y sumérgelas en el océano de Mi misericordia. Durante las angustias de Mi Pasión desgarraron Mi Cuerpo y Mi Corazón, es decir, mi Iglesia. A medida que se reincorporan a ella, Mis heridas cicatrizan y de esta forma sirven de bálsamo a Mi Pasión.

ORACION

Misericordiosísimo Jesús, que eres la Bondad misma, no niegues la luz a aquellos que Te buscan. Recibe en el seno de tu corazón desbordante de piedad las almas de nuestros hermanos separados. Encamínalos, con la ayuda de Tu luz, a la unidad de la Iglesia y no los dejes marchar del cobijo de Tu Compasivo Corazón, todo amor; haz que también ellos lleguen a glorificar la generosidad de Tu misericordia.

Padre Eterno, vuelve tu piadosa mirada hacia las almas de nuestros hermanos separados, especialmente hacia las almas de aquellos que han malgastado Tus bendiciones y abusado de Tus gracias, manteniéndose obstinadamente en el error. También a ellos da cobijo el Corazón misericordiosísimo de Jesús; no mires sus errores, sino el amor de Tu Hijo y los dolores de la Pasión que sufrió y que aceptó por su bien. Haz que glorifiquen Tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

SEXTO DÍA

Hoy tráeme las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en Mi misericordia. Son éstas las más parecidas a Mi corazón. Me proporcionaron fortaleza durante Mi amarga agonía, puesto que las veía como Angeles terrestres, velando junto a Mis altares. Derramo sobre ellas gracias torrenciales, porque sólo el alma humilde es capaz de recibir Mi gracia. Distingo a las almas humildes con Mi confianza.

ORACION

Misericordiosísimo Jesús, que dijiste: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón. Acoge en el seno de Tu corazón desbordante de piedad a todas las almas mansas y humildes y las de los niños pequeños. Estas almas son la delicia de las regiones celestiales y las preferidas del Padre Eterno, pues se recrea en ellas muy particularmente. Son como un ramillete de florecillas que despidieran su perfume ante el trono de Dios. El mismo Dios se embriaga con su fragancia. Ellas encuentran abrigo perenne en Tu Piadosísimo Corazón, Oh Jesús, y entonan, incesantemente himnos de amor y gloria.

Padre Eterno, vuelve Tu mirada llena de misericordia hacia estas almas mansas, hacia estas almas humildes y hacia los niños pequeños acurrucados en el seno del corazón desbordante de piedad de Jesús. Estas almas se asemejan más a Tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra hasta alcanzar Tu Trono, Señor. Padre de misericordia y bondad suma, Te suplico, por el amor que Te inspiran estas almas y el gozo que Te proporcionan: Bendice a todo el género humano, para que todas las almas a la par entonen las alabanzas que a Tu misericordia se deben por los siglos de los siglos. Amén.

SÉPTIMO DÍA

Hoy tráeme las almas que veneran y glorifican especialmente Mi misericordia3 y sumérgelas en Mi misericordia. Ellas sintieron los sufrimientos de Mi Pasión y penetraron en Mi espíritu más profundamente que ninguna otra. Son vivo reflejo de Mi piadoso corazón, y resplandecerán con esplendor especial en la vida futura. Ninguna de ellas sufrirá el tormento del fuego eterno, porque las defenderé con particular empeño a la hora de la muerte.

ORACION

Misericordiosísimo Jesús, cuyo Tu corazón es el amor mismo, recibe en el seno de Tu corazón piadosísimo las almas de aquellos que de una manera especial alaban y honran la grandeza de Tu misericordia. Son poderosas con el poder de Dios mismo. En medio de las dificultades y aflicciones siguen adelante, confiadas en Tu misericordia; y unidas a Ti, Oh Jesús, portan sobre sus hombros a todo el género humano; por ello no serán juzgadas con severidad, sino que Tu misericordia las acogerá cuando llegue el momento de partir de esta vida.

Padre Eterno, vuelve Tu mirada sobre las almas que alaban y honran Tu Atributo Supremo, Tu misericordia infinita, guarecidas en el Piadosísimo Corazón de Jesús. Estas almas viven el Evangelio con sus manos rebosantes de obras de misericordia y su corazón, desbordante de alegría, entona cánticos de alabanza a Ti, Altísimo Señor, exaltando tu misericordia. Te lo suplico Señor: Muéstrales Tu misericordia, de acuerdo con la esperanza y confianza en Ti depositada. Que se cumpla en ellos la promesa hecha por Jesús, al expresarles que durante su vida, pero sobre todo a la hora de la muerte, aquellas almas que veneraron Su infinita misericordia, serían asistidas por El, pues ellas son su gloria. Amén.

OCTAVO DIA

Hoy tráeme las almas que están detenidas en el purgatorio y sumérgelas en las profundidades de Mi misericordia. Que Mi Sangre, cayendo a chorros, apacigüe las llamas en que se abrasan. Todas estas almas me son muy queridas. Ellas pagan el castigo que se debe a Mi justicia. En tu poder está socorrerlas. Saca todas las indulgencias del tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas por ellas. Oh, si supieras qué tormentos padecen, ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia.

ORACION

Misericordiosísimo Jesús, que exclamaste ¡misericordia! introduzco ahora en el seno de tu corazón desbordante de misericordia, las almas del purgatorio, almas que tanto aprecias pero que, no obstante,. han de pagar su culpa. Que el manantial de Sangre y Agua que brotó de Tu corazón apague las llamas purificadoras para que, también allí, el poder de Tu misericordia sea glorificado.

Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que padecen en el purgatorio y que Jesús acoge en Su corazón, desbordante de piedad. Te suplico, por la dolorosa Pasión que sufrió Tu Hijo, y por toda la amargura que anegó Su sagradísima alma: Muéstrate misericordioso con las almas que se hallan bajo Tu justiciera mirada. No los mires de otro modo, sino sólo a través de las heridas de Jesús, Tu Hijo bien amado; porque creemos firmemente que Tu bondad y compasión son infinitas. Amén.

NOVENO DIA

Hoy tráeme las almas tibias4 y sumérgelas en las profundidades de Mi misericordia. Ellas fueron las que más laceraron, Mi corazón. Por su indiferencia Mi alma padeció un terrible hastío en el Huerto de los Olivos. Ellas me hicieron gritar: “Padre, si quieres, aparta de Mi este cáliz”. La última esperanza de salvación para ellas estriba en apelar a Mi misericordia.

ORACION

Piadosísimo Jesús, que eres la piedad misma, traigo hoy al seno de Tu Compasivo Corazón a las almas enfermas de tibieza. Que el puro amor que Te inflama encienda en ellas de nuevo la llama de Tu amor, y no vuelva el peso muerto de su indiferencia a abrumarte con su carga. Oh Jesús, todo compasión, ejerce la omnipotencia de Tu Misericordia, y atráelas a Ti, que eres llama de amor viva y haz que ardan con santo fervor, porque Tú todo lo puedes.

Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que a pesar de todo, Jesús cobija en el seno de Su corazón lleno de piedad. Padre de Misericordia, te ruego, por los sufrimientos que Tu hijo padeció, y por Sus tres largas horas de agonía en la Cruz: que ellas también glorifiquen el mar sin fondo de Tu misericordia. Amén.

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Fuentehttp://www.corazones.org/jesus/divina_misericordia_novena.htm

La hora santa en el huerto de Getsemaní.

La hora santa en el huerto de Getsemaní.

Hermanos míos, quiero dejarles hoy una devoción que practico hace años. La aprendí de las hermanas salesas de la Visitación, cuando me consagré como guardia de honor del Sagrado Corazón de Jesús. Una práctica muy preciada que todos pueden realizar en los conventos de la orden de las Visitantadinas.

Esta devoción no es obligatoria, y aunque está dirigida a los Guardias de Honor todos pueden practicarla. Pío XI facilitó el tiempo para la Hora Santa al fijarlo desde la puesta del sol hasta su salida, aunque la hora más indicada es la de once a doce en la noche del jueves a viernes. Cualquier lugar es válido aunque es preferible la Iglesia y ante el sagrario a ser posible, para acompañar aquella agonía de Nuestro Señor en Getsemaní.

Les dejo el archivo descargable al final de la página.


LA HORA SANTA

La devoción de la hora santa tuvo su origen en la oración que Jesús hizo en Getsemaní la víspera de su muerte en la noche del Jueves al Viernes Santo. Consiste en pasar una hora entera de oración de once a doce, en la noche del jueves al viernes de cada semana, como Nuestro Señor mismo lo pidió a su fiel sierva Santa Margarita María.

Por un rescripto de la Sagrada Congregación del Concilio (16-III-1954). La Hora Santa puede hacerse el viernes hasta media noche.

El ejercicio siguiente fue compuesto por la Venerada Hermana María del Sagrado Corazón, Bernaud, Fundadora de la Guardia de Honor.

PREPARACIÓN

¡Oh amantísimo Jesús inmolado por nosotros, amado Salvador nuestro! Permite que me arrodille a tu lado en el Huerto de los Olivos y que pase íntimamente unido a tu Corazón agonizante la Hora Santa que has pedido a tu fiel sierva Santa Margarita María.

Concédeme, ¡oh adorable Salvador! una íntima participación de tus incomprensibles dolores y de los sentimientos de compasión que llenaron el alma de tu Santísima Madre en aquella noche de mortales angustias. Te ofrezco para suplir mi insuficiencia los afectos de esta Santa Madre, los de Santa Margarita María y de las almas que más te han consolado en este misterio de dolor y de amor; y en fin, de tus fieles guardias de honor, que en esta misma hora se asocian a las tristezas de tu santísima alma en el Huerto de Getsemaní.

¡Oh Jesús! Oh dulcísimo y alfigidísimo Dueño, súfreme en tu presencia… escúchame… bendíceme… y anégame en el océano de amargura que va a invadir y sumergir tu dulcísimo corazón. Amén.

PRIMER CUARTO DE HORA

“Mi alma esta triste hasta la muerte”

Consideremos la gran víctima de amor, Jesús, el Cordero Inmaculado, presentando se a la faz de su Padre cargado con todas las iniquidades del mundo. “Tomó sobre sí nuestros pecados”, dice San Pablo. “Se hizo nuestro fiador”; debe pagar nuestras deudas hasta el último maravedí…

Todas la abominaciones, impurezas, traiciones… todos los atentados, iniquidades, sacrilegios… todos los crímenes, en fin, que han manchado y mancharán la humanidad entera… ¡Él, la santidad infinita, se ve cubierto de una lepra horrorosa!…

Bajo este manto de ignominia cae de rodillas para confesar, en el tribunal de justicia divina, todos los pecados de los hombres.

No solamente los confiesa uno a uno, sino que concibe de ellos una vergüenza inexplicable y una contrición infinita, implorando desde el fondo del abismo de humillación y del dolor en que esta sumergido el más humilde perdón…

Y el pecado, ese cenegal impuro, este mal abominable del cual se siente como impregnado en las profundidades de su ser, pone en tal angustia al nobilísimo Hijo de Dios, que cayendo con la faz en tierra exclama: “Mi alma está triste hasta la muerte”.

¡Mi alma está triste hasta la muerte!

¡Ah! A nuestra vez imitemos al Divino Penitente… ¡ay!, ¡cuantas iniquidades veremos en nuestra vida!… Hagamos aquí un serio examen sobre nosotros mismos, sobre nuestro triste pecado… ¡Recojámonos, hagamos nuestro su dolor y oremos!…

Acto de contrición: Yo pecador.

Dulcísimo Cordero que borras los pecados del mundo, presérvanos para siempre de este único y soberano mal… Por la mortal aflicción a que te redujeron nuestras iniquidades en Getsemaní, haznos concebir un gran dolor de todos lo pecados de nuestra vida y la enérgica resolución de no ofenderte más en adelante.

¡Perdón Señor!, para nosotros; perdón para todos los pobres pecadores, nuestros hermanos.

Se puede cantar algún cántico penitencial.

SEGUNDO CUARTO DE HORA

“Padre, si es posible, pase de Mi este cáliz”

No solamente Jesucristo se ha revestido de nuestras ignominias y las ha confesado a la Majestad Divina, sino que debe expiarlas: en su Corazón durante las agonías del Huerto, en su carne sobre la Cruz.

Es primeramente sobre el Corazón santísimo de su amado Hijo, donde el Padre va a descargar los dardos de su indignación, ejercitar los rigores de su justicia.

Consideremos a Jesús, el dulce cordero, la mansedumbre infinita, atemorizado a la vista de su Padre irritado.

El espanto, el disgusto, la tristeza, se apoderan de su santísima alma. Comienza a tener miedo, pavere, al ver los tormentos que le esperan; a sentir un tedio mortal, taedere, causado por la ingratitud de los hombres y l inutilidad de su Pasión para tantos de ellos… a ser traspasado de una amarga tristeza, considerando los innumerables pecados de que se ve cubierto.

Y la santísima alma del Salvador, temblorosa, fuera de sí, pide gracia: “Padre, si es posible, que pase lejos de Mi este cáliz”. Su espíritu se turba, su cuerpo se estremece y destila un sudor mezclado de sangre, cuyas gotas rocían la tierra.

Escuchemos lo que Nuestro Señor mismo dijo a Santa Margarita María de la lucha formidable que sostuvo en Getsemaní:

“Comparecí, dijo, ante la santidad de Dios, que sin tener en consideración mi inocencia me hirió con su ira, haciéndome beber el cáliz que contenía la hiel y la amargura de su justa indignación, como si hubiese olvidado el nombre de Padre para sacrificarme en su justa cólera”.

“No hay ninguna criatura, añadió Nuestro Señor, que pueda comprender la intensidad de los tormentos que Yo sufrí entonces, y este mismo dolor es el que el alma criminal experimenta cuando está delante del Tribunal de la Santidad divina, que descarga sobre ella, la hiere, la oprime y la abisma en su justa indignación”.

¡Oh!, pensemos que llegará un día en el cual nosotros también deberemos presentarnos ante la Santidad de Dios; preparémonos a sufrir todos los rigores, pues: “Si así es tratado el leño verde, ¿qué será del leño seco?”.

Y sobre todo seamos indulgentes y misericordiosos con nuestros hermanos… no los juzguemos y no seremos juzgados, porque con la misma medida que midiéramos se nos medirá.

Señor, pequé, ten misericordia de mí.

TERCER CUARTO DE HORA

“Qué, ¿no han podido velar una hora conmigo?”

La Victima Santa, toda inundada de su sangre, se levanta y va a buscar consoladores… ¡ay! El gran abandono de Getsemaní estaba solo para pisar el lagar… Sus tres más amados, sus íntimos, sus amigos Pedro, Santiago y Juan dormían a algunos pasos; ¿quién puede expresar el dolor que sintió Jesús con tal abandono… en tal hora… en aquel lugar? Pero su Corazón amantísimo debía conocer todos los dolores, cubrirnos con todas las indulgencias. “Cómo, ¿no han podido velar una hora conmigo?” ¡Que dulce reproche!… seguido de tan caritativa advertencia: “¡Velen y oren para que no entren en tentación!”…

¡Oh! Maestro agonizante y siempre pacientísimo y benigno, no permitas que tus escogidos, tus Guardias de Honor se duerman jamás cobardemente en el Puesto de Amor donde los has colocado tan misericordiosamente.

En tu Sagrario, como en el Huerto de los Olivos, sufres aun todos los horrores de una lenta agonía. Las traiciones te persiguen allí, la ingratitud de los hombres te hace gemir, lloras nuestros crímenes, los confiesas noche y día a tu Padre Celestial…

¡Oh Jesús! Jesús dulcísimo, que nos has invitado a consolar tus divinos abandonos, haznos vigilantes generosos y plenamente consagrados a tu Sagrado Corazón.

Enseñanos a velar y orar, a fin de no caer en tentación y líbranos de todos los peligros de la hora presente. Por los dolorosos abandonos de tu Corazón en Getsemaní, ten piedad, Jesús mio, de los corazones afligidos.

CONSUÉLALOS, SOSTENLOS, SANTIFÍCALOS EN LA PRUEBA

Piedad también, Señor, para los agonizantes y para nosotros mismos cuando llegue la hora temible en que deberemos aparecer ante Vos y recibir la sentencia que nos hará dichosos o desgraciados por toda la eternidad.

ULTIMO CUARTO DE HORA

“He aquí que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantémonos, vamos!”.

Por tres veces había orado Jesús diciendo: “Padre, si es posible, pase de Mi este cáliz”, añadiendo al momento: “No se haga mi voluntad, Padre mío sino la tuya”.

Esa voluntad santa era que el adorable agonizante marchase a la muerte: “porque la muerte es el estipendio del pecado”. Levantémonos, dijo a sus Apóstoles, y vamos. ¿A dónde, amantísimo Maestro y Señor?

Al beso de Judas, al Pretorio, a la columna, al Calvario, al patíbulo infame.

Y adelantándose hacia la tropa enemiga que venía a prenderle: “¿A quién buscan?”, le dijo -A Jesús Nazareno-, “Yo soy”.

¡Oh gran combatiente de amor! ¡Oh luchador magnánimo que nos invitas a seguirte! ¡VÉNOS AQUÍ! Tus guardias de honor te harán buena escolta; ellos subirán con Vos a la montaña de los dolores que es el monte de los amantes.

Bajo tus ordenes, ¡Oh rey inmortal de los siglos!, quieren combatir el buen combate, vencer al príncipe de las tinieblas, triunfar del mundo, morir resueltamente a sí mismos, para vivir únicamente en Vos.

Vamos y muramos con Él.

Transportados en espíritu al Calvario adoremos al Divino Ajusticiado expirando en el árbol de la Cruz, es el Amor muriendo de Amor. ¡Ah! ¿No viviremos en adelante para amarle a Él solo? Sí, en retorno nos daremos, nos entregaremos enteramente a Jesús y por Él, con Él y en Él a todos los divinos quereres. Unamos nuestras pequeñas inmolaciones a su inmolación incesante sobre los altares. Volvamos, en fin, abnegación por abnegación, amor por amor, al Corazón Herido de Jesús y entremos en pos de la Santísima Virgen María, de San Juan y de la Santa Magdalena, en su Llaga adorable y suavísima para no salir de ella jamás:

Aquí esta mi descanso.

CONCLUSIÓN

Padre Santo que has amado tanto al mundo, que le has dado y sacrificado tu Hijo único, te bendecimos por esta incomprensible misericordia. No pudiendo hacerlo dignamente, es por el Corazón de nuestra dulce y santa Víctima por quien te manifestaremos nuestro agradecimiento; después de haberse hecho nuestra Redención se hará también nuestra acción de gracias.

Y vos ¡oh Salvador, oh cordero, oh nuestro amor inmolado! Sé alabado, bendecido, glorificado en todos los siglos por haberte sacrificado para salvar a tus pobres criaturas.

Por el Corazón de María inmolado al pie de la Cruz, con la voz elocuente de sus lágrimas de Madre y de víctima, te damos gracias y te prometemos, ¡oh Jesús! Huir el pecado, combatir nuestras perversas inclinaciones, vencer nuestras repugnancias al bien y nuestras inclinaciones al mundo y sus falsos placeres, repitiendo con tu fiel amante Santa Margarita María:

“El amor divino me ha vencido.
Él solo poseerá mi corazón”.

Amen.


Para descargar el archivo click en la imagen:

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Si fuera todo cruz…

Si fuera todo cruz…

Les dejo hoy este poema que he encontrado en una página que es por lejos una de mis predilectas: Abandono.com.

Este poema, viene muy bien para meditar en la cuaresma. Es largo, y con justicia, si le faltara algun verso estaría incompleto. Porque es de una belleza indescriptible. Me ha despertado el alma como un rayo. Se los recomiendo vivamente para este tiempo tan especial de encuentros íntimos con el Señor, que quiere que entremos en nuestro interior a buscarle para pedirle ayuda en nuestras debilidades, y sobre todo para encontrarnos con su Amor tan grande.

Para quienes quiera descargar el poema en formato mobi, nos avisan que se los enviamos por correo. ¡Gracias Jackie por el archivo!


Si todo fuera cruz…

Señálame los pasos; muéstrame tus sendas.
No tengo más camino, Señor, que tu Camino.
No tengo más tarea que amarte sin medida.
No tengo otro destino que hacer tu voluntad.
 
Estoy siempre dispuesto a partir a donde digas.
Carezco de equipaje,
de nada que me ate a nada de esta tierra.
Se iniciarán mis pasos
al ver un gesto leve de tu mano.
Terminarán allí donde decidas.
 
Me tienes por completo a tu servicio:
vivir en el silencio de los claustros,
correr por esta selva que es la vida
del mundo enloquecido de intereses;
volcar mi corazón y mis entrañas
sirviendo en lo que mandes.
 
Te quiero mi Señor, mi Dios, mi Amado.
No hay nada que requiera mi atención
más que servirte a ti.
 
No tengo otro destino que hacer tu voluntad.
Cayó todo mi cuerpo a la tierra del camino.
Cayeron las murallas de mi alma tan altiva.
Cayó todo mi ser, Señor, cuando quisiste.
¡Gracias, mi Dios, pues me llamaste así!
Despójame, Señor, de mis seguridades,
despójame de todo cuanto tengo,
desvísteme de todos mis ropajes.
 
No quiero tener deseos, ni imagen, ni historia.
Tan solo a tus ojos ser algo:
tu hijo confiado en tus brazos que, alegre,
abandona en tus manos de Padre todos sus asuntos.
 
No quiero ser nada, mi Dios,
más que lo que quieras.
Quedarme muy quieto ante ti;
ser tu compañía en cualquier Sagrario,
en cualquier lugar donde tu presencia
se me hace patente.
¿Qué más puede un hombre
pedirle a su Dios de él enamorado?
 
Despójame, sí, de todas mis ansias.
También de lo bueno que pueda tener.
Hazme puro hueco donde construir
tu casa, tu hogar…
un sitio apartado al que retirarte
para tu oración… cual fuera Betsaida.
 
Vacía, Señor, todo mi equipaje:
me quiero quedar como vine al mundo
ante tu presencia: pequeño y desnudo,
sin ninguna cosa por la que me pueda
sentir atraído, atado o vencido;
quedarme vacío, quedarme sin nada:
depender de ti… tan solo de ti.
 
Ser tuyo, Señor, ser… sin condiciones,
del todo entregado a tu voluntad.
Ser tuyo, Señor… solo por amor.
Dame, Señor, si quieres, el don de la humildad.
No lo quiero por mí. Lo quiero para ti,
para amarte y alabarte sólo a ti,
para referir mis circunstancias tan sólo a tu Persona.
 
Dame, Señor, si quieres, el don de la pobreza;
de la pobreza de alma, de la pobreza interior.
Quisiera no tener, para tenerte sólo a ti,
pues solo contigo basta al hombre.
 
Dame, Señor, si quieres, el don del amor total
a todo lo que sea tu voluntad.
No quiero resignarme, ni aceptar:
tan solo quiero amar aquello que en tu
Plan de Amor de Padre preveas para mí.
 
Dame, Señor, si quieres, entrega confiada y abandono
sin límite en tus manos;
lanzarme, sin temor a lo que venga,
a todo lo que sea tu voluntad.
 
Mi Dios, mi Amor, mi Todo…
tan sólo Tú me importas,
tan sólo Tú eres Lógica de Vida.
Tan sólo a ti quiero tender.
Es tu silencio, Señor, lo que ahora quieres darme.
Es tu silencio en respuesta a todas mis preguntas.
Tu silencio, que es paz
en medio de este ruido de la Tierra.
 
A veces, mi Señor, entiendo tus silencios
mejor que otras respuestas
más sonoras que me ofreces.
¡Encuentro tanto amor en tu silencio!
¡Me siento tan amado
en esa paz que así me otorgas!
 
Silencio y soledad, oculta oscuridad
a todo lo que sea
el ruido y el tumulto, el brillo de esta tierra…
 
No sé, mi Dios amado, qué puedo haberte hecho
para que vengas a inundarme de tu luz.
Tu luz… y tu silencio.
No entiendo cómo pueden ambos darse,
los dos al mismo tiempo.
La luz que se origina en tu presencia…
Silencio, sí, mas no silencio surgido de la nada;
silencio impresionante que de tu majestad se me deriva.
 
A veces, mi Señor, este mismo silencio
pudiera ser tomado por ausencia.
Tan sólo la soberbia de los hombres
genera una ceguera tan enorme.
 
Gracias, Señor. Estás en todas partes;
estás en todo tiempo, ya lo sé.
 
Gracias, Señor, por todos tus silencios.
Me siento un peregrino
que no se atreve a entrar
en la posada abierta del camino,
en tu corazón partido por la lanza.
Me siento pecador, Señor Jesús.
Me siento indigno de acercarme a ti,
de compartir la mesa en que te das.
¡Me sé tan lejos de realizar en mí
lo que aprendí oyendo tu mensaje…!
 
Señor… Señor Jesús… ¡cuánto dolor
por ser tan mal amigo,
por ser tan mal discípulo…!
¡Cuánta tristeza hay en mi corazón
al verme así… tan poco generoso,
tan poco convertido a la bondad
profunda y dilatada que me anuncias…!
 
Siento, Señor, los dedos de tu mano
que, en mi mejilla, enjugan esa lágrima
pequeña que resbala por la piel.
Siento, Señor, tu abrazo que me estrecha
fundiéndonos los dos en uno solo.
Siento, Señor, tu amor que no merezco.
Siento tu amor… y siento tu palabra.
¡Me siento tan mezquino, mi Señor,
me siento tan pequeño y miserable…!
 
Soy nada, mi Jesús. Soy nada, ya lo sé.
Partiendo de esta nada, que en mí es absoluta,
hoy quiero renovarte de nuevo mi promesa:
mi entrega es por completo, Señor, sin condiciones.
Te ofrezco lo que tengo y todo lo que soy.
Acepta, mi Señor, la ofrenda de mi amor:
amor para el Amor;
llamita para el Fuego Abrasador;
caricia que al Abrazo Eterno se le entrega;
suspiro… para Dios, en Hombre convertido.
Como el leproso, Señor, acudo a ti.
Enfermo y moribundo arrastro mi miseria
por el fangoso camino de mi vida.
Sucia e infectada está mi alma. Es lepra.
La lepra del pecado que atenaza, inflexible,
la pobre condición de mi persona.
 
Mis ojos apenas si se atreven a cruzarse
camino de tus ojos. Cayendo de rodillas
mi voz se eleva a ti en tono suplicante:
Jesús, amor amado, ¡tan sólo tu palabra y seré limpio!
 
No mires mi miseria, mi amor (…¡amor amado!)
no mires mi miseria…
Contempla en mi interior todo el dolor
sincero que me embarga.
 
Leproso y miserable ante ti caigo y,
postrado de rodillas, te suplico:
Señor, abrázame… ¡estréchame en tus brazos
y todo quedará bien limpio y olvidado!
 
Piedad, Señor, piedad…
piedad para este barro.
Cual vieja zapatilla que se adapta
perfectamente al pie que, de años, calza,
quisiera yo adaptarme, Amado mío,
a hacer tu voluntad manifestada.
 
¿De qué me sirve ser enamorado
de ti, como protesto cada día,
si no adecuo mi acción y mi jornada
para tu Plan de Amor llevar a cabo?
 
Ya ves, mi Dios, que es mi deseo
el realizar fielmente lo que quieres.
Abrázame, Señor, y no me sueltes
pues mi miseria me arrastra muchas veces.
Me siento tan pequeño, Señor,
tan lleno de miseria y de pecado….
No sé cómo me atrevo a levantar la vista,
a contemplar tus clavos, tus heridas…
 
Amor… Amor… me siento enamorado,
me siento acurrucado entre tus brazos,
me sé tan protegido y tan amado…
que casi me rebelo en mi soberbia
al asumir lo injusto de este caso:
me amas sin medida, Señor,
perdonas mis pecados,
me das tu abrazo estrecho y apretado…
Y yo no te respondo… no sé corresponderte…
 
Y quiero rebelarme,
y quiero ser cambiado desde dentro
y quiero verme otro, amante y entregado,
vencido en mi altivez, humilde y abrazado…
a ti, Jesús amigo… hermano…
 
Señor: preciso de humildad para aceptarme
pequeño, miserable, tan poco generoso,
tan falto de un amor que corresponda
a tanto don volcado…
 
Ayúdame, Señor,
ayúdame a ponerme de rodillas
volviendo la mirada al interior,
a donde te escondiste.
 
Ayúdame a llorar por mis pecados,
a darte a ti las gracias.
Ayúdame a admitir
que yo sin ti soy nada.
 
Y abrázame, Señor, abrázame bien fuerte
y no me dejes andar sin tu compaña.
Si en vez de mi mirada
tan sólo por tus ojos contemplara…
 
Si en vez de mis caricias
tan sólo con tus manos bendijera…
 
Si en vez de mis palabras
tan sólo con las tuyas consolara…
 
Si en vez de en este amor
tan sólo en tu Amor recibiera…
Si ya en mi corazón
tan sólo, Cristo, a ti se te encontrara…
 
Si ya, Jesús, a ti
te vieran confundido en mi persona…
 
Si fuera todo Cruz
de tanta cruz amada…
 
Si ya no fuera yo…
 
Si ya no fuera nada…
 
Será algún día, Señor,
lo sé, lo sé, mi Amado.
Será cuando decida
no ser ya más yo mismo.
Será cuando, vacío,
me inundes con tu gracia,
me empapes, como esponja, de ti mismo,
me quemes como a un tronco
que ya no quiere ser
más que calor y llama.
Señor… ¿porqué no hoy?
… pues tú lo puedes todo…
¡concédeme esta gracia!
Ten piedad, mi Señor, de mi presente
como ya la tuviste del pasado,
y ya que el corazón me lo has trocado,
ayúdame a vivir cristianamente.
 
Mira que quiero verme transformado,
transido de tu amor profundamente;
testigo de tu Cruz, constantemente
de espinas en mi cuerpo traspasado.
 
Pues de ti me confieso enamorado,
sólo tú has de ocupar mi pensamiento
Señor, amigo fiel, Crucificado.
 
Y puesto de rodillas a tu lado
tan sólo han de trabar conocimiento
mis ojos y tu cuerpo tan llagado.
Si de la oscuridad me reclamaste
con tu Pasión tras verte escarnecido,
¡cuánto agradezco aquello que has sufrido,
pues que con ello, Amado, me salvaste!
 
Si por tu celo y amor no me dejaste,
ya que de ti fui siempre perseguido,
tan solo es tuyo, Señor, lo conseguido,
pues con tu sangre y tus ojos me alcanzaste.
 
¡Cuánta miseria y lodo hay en mi vida!
¡Cuánto sufriste, Amor, por no quererte!
¡Qué salvación me has dado inmerecida!
 
Vamos, Señor: dame pronto la muerte,
ya que por ella he de encontrar la Vida…
Quiero morir, Señor, … para tenerte.
Me postro humildemente en tu presencia,
me muestro cual me siento: derrotado,
consciente de mi nada. Acongojado
pretendo absolución a mi conciencia.
 
No busco, mi Señor, tu complacencia,
ni busco en ti consuelo regalado.
Tan solo aspiro a verme perdonado,
volver a ti contrito con tu anuencia.
 
Si por contarle a un hombre mi pecado
voy a obtener perdón a mis ofensas,
lo contaré, Señor, y detallado.
 
Si por echar en tierra mis defensas
a mi interior serás recuperado,
las echaré, pues Tú bien lo compensas.
Has tocado, Señor, mi corazón soberbio
con tu mano llagada, atravesada
del clavo de todos mis pecados.
 
¡Qué dolor se amontona en mi costado
por ver tanta maldad como he tenido!
¡Qué pena me impondría
si fuera juez que viera mis delitos!
 
… Cayendo de rodillas
gimió todo mi cuerpo arrepentido:
Señor, … Amor, … mi Bien …
¿cómo se pueden dar, los dos al mismo tiempo,
ofensas repetidas y amor apasionado?
 
Amor, Amor, Amor, …
despiértame del sueño en el que muero,
transpórtame a la Vida.
Ayúdame a vivir muriendo cada día
a todo lo que pueda ser yo mismo.
Ayúdame a ofrecerte, enamorado,
lo que es mi propio cuerpo, mis ideas,
por si debieras verte, nuevamente,
mi amor, crucificado.
Ayúdame, Señor, a despojarme
de todo lo que soy.
 
Quiero difuminarme, atomizarme,
quedar como un rocío imperceptible
que impregne el terciopelo de tus rosas,
dotarlas de frescor en madrugada.
Y quiero evaporarme,
sin huella que denote mi presencia,
cuando el calor y luz de tu mirada
recorra cada rosa del jardín
que cuidas con esmero.
 
El ser, para servirte en mis hermanos.
No ser, para adorarte;
no ser para que seas
en mí lo que Tú quieras.
 
Ayúdame, mi Dios, a despojarme
de todo lo que soy
para empezar a ser
un poco e Ti mismo.
Quiero no tener, Señor,
otra seguridad que la de tu amor.
 
Quiero ver estallar la tempestad,
rugir los truenos, caer los rayos,
romperse el cielo en mil pedazos
y asolar la tierra un diluvio nuevo
sin acercarme a despertarte de tu sueño
echado a popa en mi barquilla.
 
Quiero navegar en esta frágil vida
abandonando el timón a tu cuidado.
 
Quiero que en mi vida no se encuentre
cuestión más importante o trascendente
que verte a ti, tenerte presente de continuo.
 
Quiero, Señor, tomar las decisiones que me incumban
desde tu perspectiva, desde tu corazón enamorado.
 
Quiero vivir pasando de puntillas por la vida,
oculto e ignorado.
 
Quiero vivir muriendo a mis caprichos,
dejando que las cosas de mi vida
transcurran tan solo a tu cuidado.
 
Quiero, Señor, que tomes en tus manos lo que soy,
que aceptes mi presente y mi futuro
y hagas y dispongas a tu antojo.
 
Quiero, Señor, perder toda la esencia de mi vida
y que tan solo Tú dispongas lo que quieras.
 
Quiero, Señor, ser consumido
por un último aliento
al exhalar tu nombre, Jesús mío.
Madera ya empapada por la sangre
manada de tus manos y tus pies,
vertida por las llagas de tu espalda.
 
Madera atravesada por los clavos
que a ti te taladraron.
 
Madera utilizada… envejecida
del uso que le has dado en veinte siglos.
 
Madera bien pesada que llevaste
pensando solo en mí, en todos mis pecados.
 
Ya es hora, mi Señor, que te releve:
hacerla toda mía,
tomar sobre mis hombros,
con gesto de alegría,
mi cruz de cada día negándome a mí mismo.
 
Sí quiero, buen Jesús, venir en pos de ti,
pues tú eres el Camino, Verdad… ¡el Agua Viva!

 

 

Fuente: http://www.abandono.com/rincones/oraciones/si-fuera-todo-cruz/

Sobre la oración. Relacionarse con el Padre.

Sobre la oración. Relacionarse con el Padre.

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Cuántas páginas harían falta para hablar sobre oración. De hecho Santa Teresa de Jesús se tomó la vida para hablar de ella. Tantos santos y doctores de la Iglesia han dicho tantas cosas como posible sea deducir sobre este tema, en función de la experiencia personal con la oración.

Y es que es eso: “Tratar de amistad con aquel que sabemos, nos ama”. Y si hablamos de amistad, bueno, cada persona es un mundo, con historias personales buenas o malas, con dones propios y tratos más cercanos o distantes, con culturas diferentes. Y cada cual tiene su manera única y particular de comunicarse y de establecer vínculos con un otro. Por ello cada relación de amistad es única y diferente de las demás. Y si llevamos esto a la amistad con Dios, que es inmutable, pero nosotros tan variables, la oración, es decir ese trato personal con Dios siempre será único y particular con cada ser creado.

Dios, al darnos la libertad (para alabarlo, para eso fuimos creados), en su infinita sabiduría ha querido que cada persona sea diferente de la otra, y en esa diferenciación, en esa particularidad que cada uno posee, se termine formando un abanico de alabanzas de múltiples formas y sonidos, gestos, colores y devociones. No somos clones, no somos máquinas, somos sus hijos, y cada hijo tiene una forma distinta de relacionarse con su Padre. Una forma distinta de besarlo, de abrazarlo, una confianza más cercana o más discreta y prudente, tiempos diferentes, apasionamientos diferentes.

Y Dios, que conoce a cada hijo suyo como buen Padre que es, sabe de estas diferencias, de estos tratos particulares, aunque siempre este buscando que este lazo se estreche, sea más sólido y estable. Y sabe por qué camino conducirnos a nosotros, sus hijos, para llegar al lazo perfecto con Él.

“Amar a Dios por sobe todas las cosas”

El primer mandamiento no está en primer lugar porque sí. Es la esencia de la vida misma. Para eso fuimos creados. Y esa es la llave de la plenitud y la felicidad. En ese especialísimo trato de amor con el Padre se nutren y encuentran vida todas nuestras otras relaciones con el resto de los vivientes y con el resto de la creación.

Como nos cuesta entender esto. Creemos que por amar a Dios por encima de todo, amaremos menos a nuestros hijos, padres, hermanos o lo que fuere. Es todo lo contrario. En la virtud de privilegiar este amor al Padre de los cielos se incrementan, purifican, solidifican todas nuestras otras relaciones.

Podría recomendarles muchos libros en este momento. Pero si no nace en el corazón esta necesidad, este querer tener una relación personal con Dios, nuestro Padre, el resto serán palabras que se las lleve el viento. Los que escribieron esas palabras primero entendieron esto. Y luego del corazón surgieron estas palabras como consecuencia lógica del trato personal con el Padre.

¡Es tan bello nuestro Padre! No se priven de una relación con Él. Nadie diga no puedo. El amor no se siente de golpe, el amor se construye.