Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (V y ultima Parte)

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (V y ultima Parte)

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Violencia, barbarie y… (III parte)

Violencia, barbarie y… (IV parte)


Confusión de las exigencias de Dios con las de los ídolos

Otra teoría es la que defiende que el origen de los episodios violentos del Antiguo Testamento tienen su base en la violencia sacrificial sangrienta que vivían los pueblos como el cananeo que seguían a ídolos y dioses falsos.

La contaminación de Israel con estas religiones les lleva a ejercer una violencia propia que imputan a Dios.

El Antiguo Testamento relata multitud de ocasiones en las que el pueblo ofrece sacrificios a YHWH que no son pedidos por él y por tanto los considera como sacrificios que el hombre realiza para satisfacción de sus propios intereses, violencia ejercida para si mismos, citaré algunos textos que creo que serán esclarecedores de lo que intento resumir:

“…vuestros sacrificios…vuestras víctimas…vuestros diezmos…vuestras fiestas…vuestras solemnidades…” (Am. 4:4; 5:21)

“¿Quién os ha pedido esto?” (Is.1:12)

“Les gustan los sacrificios: ¡que sacrifiquen!” (Os.8:13)

“Quiero lealtad, no sacrificios; conocimiento de Dios, no holocaustos”  (Os.6:6)

Un ejemplo de la confusión que existía entre lo que exigían los ídolos y lo que exigía YHWH (y que probablemente no fueron hechos aislados), lo tenemos en la historia de Jefté (Jueces 11), en la que se vio obligado a sacrificar a su hija por hacer la promesa imprudente a Dios de inmolar a la primera persona que saliera a su encuentro si obtenía la victoria en una batalla.

Durante la época del destierro el profeta Ezequiel va más allá en la denuncia de la idolatría del pueblo declarando que:

“Tomaste además a tus hijos y a tus hijas que habías dado a luz para mí, y se los sacrificaste como alimento. ¿Acaso eran poca cosa tus prostituciones para que degollases a mis hijos y se los ofrecieras haciéndolos pasar por fuego?”

Se puede ver que el pueblo de Dios no logró librarse en su totalidad (en el tiempo de la monarquía) de sus orígenes de contaminación con los cananeos (durante la época de la conquista y los jueces).

Estos ritos fueron llevados a cabo en varias ocasiones por personas que creían estar obedeciendo a YHWH como vemos en el ejemplo de Jefté. Ante este tipo de confusión de culto sangriento Dios habla diciendo:

“¿Acaso les di estatutos que no eran buenos o decretos que no eran buenos, mandamientos por los cuales no podrían vivir? ¿Los contaminé con las ofrendas, que hacían inmolando a sus primogénitos? ¿Los horroricé para que supieran que yo soy el SEÑOR?” (Ezequiel 20:24-26).

Al igual que el culto a los ídolos evoca mutilaciones, matanzas y violencia “sacrificial”, también a menudo estas prácticas están destinadas a YHWH pero el las rechaza.

Es un error que solo puede ser alegorizado u obviado

Por último, otra posible argumentación, según Dionisio Byler, es la de entender los genocidios, las matanzas y la violencia en general como un error humano.

Entender esto como una aberración, una verdadera atrocidad que de ningún modo puede ser justificada, una muestra de injusticia e inmoralidad contraria a la voluntad de Dios ante lo cual puede hacerse cualquier cosa excepto tomarlo como conducta aceptable y mucho menos exigida por Dios a su pueblo, que incluso dirá que “cualquier persona mínimamente espiritual se queda de piedra, horrorizado, al recordarlos” .

CONCLUSIONES

Sin títuloEl problema de la violencia y el mal en el Antiguo Testamento puede ser entendido sin necesidad de intentar suavizar los textos, ni restarles dramatismo.

Es fundamental al leer la Palabra de Dios tener presente que lo relevante no son las palabras que utiliza sino la lectura que yo hago de ellas y la interpretación que realizo. Por ello al acercarme a este tema, desde el conocimiento general de la naturaleza y características del Dios de la Palabra, ésta, recobra su sentido (si es que en algún momento lo perdió).

No se puede explicar un texto desgarrándolo de un todo. Los textos oscuros o difíciles de entender deben cobrar sentido a la luz de los que hablan claramente y nunca al contrario.

Por ello cualquiera de las claves de lectura citadas creo que son válidas para entender la realidad del Dios de Paz que se nos revela sin lugar a dudas en la Escritura, teniendo su imagen más completa y perfecta en Jesús de Nazaret. Personalmente me resulta innegable darme cuenta que Dios se caracteriza por involucrarse de forma real y tangente en la historia de su pueblo. Irrumpe en ella.

Marca momentos históricos puntuales, épocas sujetas a una geografía, cultura, economía, costumbres, creencias, etc.

Al leer los textos desde la abrumadora realidad a la que Dios se enfrenta para levantar un pueblo y mantener viva su promesa, creo que se entiende que los acontecimientos del pasado obedecen a un momento puntual con unas tensiones teológicas y sociales concretas que no han vuelto a repetirse, no obstante a pesar del momento de terrible barbarie Cananea entre la que el pueblo de Dios debe abrirse paso, vemos a un Dios que pide que su pueblo sea santo como él es Santo, dando normas levíticas de cuidar al pobre y extranjero, de no difamar, no vengarse, no tener rencor, no derramar sangre, amar al prójimo, al extranjero y al residente como a si mismos, para que la tierra que vomitó a los cananeos no los vomite a ellos también (Lev.18-20).

Si a pesar de ello se albergó alguna distorsión de la imagen de Dios, en Jesús fue disipada.

Como dijo G. Lohfink:
“El Antiguo Testamento aún procedía del mundo de la violencia, la desenmascaró a todas luces y preparó su superación”.


VIII. BIBLIOGRAFÍA.
1. Dionisio Byler, Historias inmorales en el texto sagrado, Revista Alétheia. Pág.7-19. Edita Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española.
2. José Grau, El Dios del Antiguo Testamento, Revista Alétheia. Pág.27-52. Núm.20. Edita Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española. 02/2001.
3. Bernhard Häring, La no violencia, Ed. Herder, Barcelona, 1989.
4. J.M. Palomares Fernández, Reflexiones en la ética cristiana, Ed. Clie. Barcelona, 1992.
5. Dionisio Byler, Los genocidios en la Biblia, Ed. Clie, Barcelona, 1997.
6. Kenneth Scott Latourette, Historia del cristianismo TOMOI, Ed. Casa Bautista de Publicaciones, Barcelona, 1959
7. José M. Martínez, Fundamentos teológicos de la fe cristiana, Ed. Clie y Publicaciones Andamio, Barcelona, 2001.
8. José Grau, La violencia: una perspectiva Bíblica, Revista vol. IV: La VIOLENCIA, Ed. Andamio, Barcelona. 1990.
9. P. Beauchamp, D.Vasse, La violencia en la Biblia, Cuadernos bíblicos nº 76, Ed. Verbo Divino, Navarra, 1992.
10. Carson, D.A.; France, R.T.; Motyer, J.A.; Wenham, G.J., Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno, (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones) 2000, c1999.
11. Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, (Barcelona: Ediciones Certeza) 2000, c1982.
12. Apuntes de clase de la asignatura de Filosofía impartida por Joana Ortega en Ibste 2003 – 2004.

Autora: Pepi Vicente

FUENTE: http://www.mercaba.org/Enciclopedia/V/violencia_genocidio_AT.htm

 

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Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (IV Parte)

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (IV Parte)

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Violencia, barbarie y… (III Parte)


Respuesta necesaria ante un momento histórico-teológico concreto

Si Dios no ha cambiado, ya que su naturaleza sigue siendo la misma hoy, que en tiempos de los patriarcas y profetas, tal vez tan solo fue la conducta que él exige de su pueblo la que es distinta.

Es posible que como estrategia temporal y pasajera, en un momento puntual de la historia, con un pueblo en particular (Israel), y en un contexto de vida específico, Dios permitió e inspiró ciertas conductas que en Jesús ya no eran necesarias y por tanto no eran permitidas, ya que no responden al carácter y naturaleza de Dios sino que son respuesta a una situación concreta de un pueblo concreto con unas circunstancias concretas.

Como expone Norman Gottwald tras sus estudios sociológicos sobre la historia de Israel, para que este pueblo sobreviviese y nos dejase documentación histórica, era necesario que recurriese a la guerra y a ciertos episodios de genocidio selectivo.

A pesar de confiar en la salvación que proviene de Dios, esta fe debía acompañarse de las acciones bélicas exigidas por el momento, ya que lo contrario hubiese desembocado en la desaparición del pueblo judío como etnia y también como “religión”, se hubiese extinguido la luz que debía alumbrar a las naciones.

Las circunstancias en las que Israel se establece como nación, como pueblo de Dios, fueron tan frágiles que Dios tuvo que tomar medidas extremas para asegurar su supervivencia.

A pesar de que la guerra es siempre cruel, llena de horror y muerte, en un mundo sumido en el pecado, la degradación moral, el carácter despiadado de los pueblos y la violencia de aquel tiempo, hicieron que solo fuese posible la entrada de Israel en Canaan mediante el derramamiento de sangre.

Dios se revela irrumpiendo en la historia humana aceptando las consecuencias de esa decisión. Que en el caso de establecer la identidad de Israel como nación santa, apartada, incluyó el exterminio de un pueblo como el cananeo.

La preservación de Israel era fundamental para el bien de las naciones ya que era el portador de la Palabra de Dios y de la simiente mesiánica (Gen.49:8,10; 2Sam.7; 23:1-7).

Solo en esta ocasión es Dios quien para proteger al pueblo de la promesa actuó en sentido estrictamente militar como escudo y espada de Israel (Dt. 33:29; 1Cr.5:22), de ahí se deduce la idea de que estos enfrentamientos sean en realidad guerras de Dios (Ex.15:3; 1Sam.18:27) y que el botín no se tome como premio tras la victoria, sino que sea “anatema”, consagrado al Señor y por ello no podían quedarse con nada.

Sin embargo estas circunstancias históricas han cambiado radicalmente, es más, ya en los tiempos de dominación del Imperio Romano en el que le tocó vivir a Jesús, la guerra y la violencia dejaron de ser instrumentos necesarios para el avance del plan de Dios para su pueblo.

Vemos como la iglesia surge y se establece siguiendo el camino de la paz, el amor, la misericordia y el perdón. Ahora Dios ya podía revelarse como siempre había sido: como Dios de amor, perdón, misericordia y paz.

Dios se muestra en Jesús corrigiendo la falsa impresión dejada en el pasado debido a las exigencias históricas particulares e irrepetibles del nacimiento de Israel como nación santa en Canaan. Dios nunca más actúa ni permite una matanza, sino que los discípulos de Jesús, el pueblo de Dios, tomarán su cruz cada día y sufrirán ellos mismos antes de hacer sufrir al prójimo.

Información incompleta y por tanto errónea de los autores debido a que el proceso de revelación es progresivo

Es posible sin embargo que la explicación radique en que esta distorsión del Dios del Antiguo Testamento se deba simplemente a que los mismos autores del Antiguo Testamento no tenían una idea clara o acertada de cómo era YHWH en realidad.

En aquel momento histórico la revelación que Dios había dado sobre sí mismo no era completa, es más era hasta tal punto tan escasa e incompleta que podría entenderse desde nuestra visión hoy como errónea y tachar el concepto incompleto de entonces como equivocado.

Entenderíamos por tanto que el problema de distorsión del Antiguo Testamento no es sólo de nuestras propias limitaciones a la hora de entender los textos, sino que la distorsión viene ya dada por el texto mismo.

Con esta teoría no se pretende poner en duda la inspiración de estos textos, sino admitir que el Antiguo Testamento no comprende íntegramente por sí solo toda la revelación de Dios y que aunque inspirado el Antiguo Testamento está incompleto y por ello en algunos casos puede considerarse que puede llevar a confusión o engaño, que se evidencia en la multitud de cuestiones que Jesús debe corregir por las concepciones erróneas que los estudiosos de la Torá se habían formado de Dios.

El mal proviene del hombre, Dios no justifica sino que busca poner límites a la violencia
En la línea de pensamiento que traza P. Beauchmanp he recogido algunas reflexiones que creo que son interesantes.

Beauchmanp se remonta al relato de la creación en Génesis, tras la caída, cuando señala que se hace evidente la violencia interna en el corazón del hombre al rechazar a Dios.

A pesar de esta actitud de pecado fruto de un mal uso del libre albedrío, el hombre sigue siendo imagen de Dios, incluso cuando vemos que es capaz de manchar sus manos de sangre.

Este es un argumento importante a tener en cuenta en cuanto a la clave hermenéutica de lectura para entender los episodios de violencia en el Antiguo Testamento Dios no se desentiende del hombre a pesar de su degradación (caída), sin embargo nuestra visión de Dios está mediatizada por lo que el hombre es en realidad (como imagen de Dios), ahora bien a través de este “cristal” se ve a un Dios violento, esto no quiere decir que Dios no pase por esa imagen sino que Dios acepta pasar por ahí pero con un propósito, transformar esa violencia y convertirla, y esto no se trata de una decisión puntual, sino de un proceso, que se va cumpliendo en la historia.

Por tanto en la Biblia muchas veces llamamos violencia a lo que en realidad es un reflejo de nuestro propio comportamiento violento.

Es importante recordar que (como relata Génesis 9) el hombre se había vuelto violento y es Dios quien actúa poniendo un límite a esa violencia por medio de la ley (con determinados pueblos no acabar con la vida de todos los habitantes sino solo de los hombres, dejando con vida a mujeres y niños Dt.20:13, no apropiarse de los tesoros de las ciudades conquistadas Jos.6:18, respetar los pactos o alianzas Jos 17:25, la famosa ley del Talión que se da no para justificar la violencia, sino para poner límites y acotar la sed de venganza desmesurada que hay en el corazón del hombre).

Aunque parece un poco complicado es vital no perder de vista lo que hay detrás de estos textos, en ellos se puede ver el deseo de contrarrestar mediante la ley, una violencia que se vivía libremente como algo natural en aquel momento histórico.

Con el establecimiento de estas leyes al parecer violentas, en realidad lo que se hace es contrarrestar una violencia que sería aún peor, la ausencia de toda ley (en la que se encontró en el pasado la humanidad y por la que Dios envío el diluvio: “Y la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia”.  Génesis 6:11.


En este punto se defiende una posible explicación que remontándose al origen de la humanidad y a la caída, enseña que la ley permite una forma concreta de violencia con el fin claro de contrarrestar a la violencia y el caos en mayúsculas. Obviar esta explicación podría entenderse como expresó el profeta Jeremías como querer cerrar los ojos a una realidad escabrosa pero cierta: “Y curan a la ligera el quebranto de mi pueblo, diciendo: “Paz, paz”, pero no hay paz”.  Jer.6:14.

El camino perfecto propuesto por Dios en Gen.1, su imagen real, sin distorsionar la tenemos en la mansedumbre que es atacada por la violencia en la caída, pero a pesar de ello la mansedumbre se irá abriendo camino a través de la violencia y no fuera de ella, con el fin de obtener la victoria final. “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón”. Gen.3:15.

Viendo como Jesús se abre paso ampliando la imagen distorsionada que teníamos de Dios debido a una ley dada por la dureza del corazón del hombre, amplia el decálogo con el sermón de la montaña, en especial, las bienaventuranzas.

En Jesús el ministerio de la violencia se revela plenamente en la violencia que se despierta contra él hasta matarlo. Por tanto en la cruz se revela plenamente la violencia del amor (si es que ambas palabras pueden llegar a concebirse juntas) que movía tanto las acciones como las enseñanzas de Jesús, alejadas totalmente de una falsa mansedumbre hipócrita.

El mal proviene del hombre, es usado por Dios y será erradicado en un final escatológico

Otra posibilidad que se puede contemplar, y que estaría ligada en algunos puntos coincidentes a la anterior es la que dice que el mal no proviene de Dios sino del hombre y que Dios usa su consecuencia (el sufrimiento) para edificación. Es decir, Dios en su soberanía tolera el mal en el universo, aunque lo somete a su dominio y lo utiliza en su administración del mundo. Se utiliza para castigar la iniquidad individual y nacional (Is.45:7; Lm.3:38; Am.3:6).

Los hijos de Israel repetidamente “hicieron lo malo” y sufrieron las consecuencias (Jue.2:11; 1 R.1:6). Dios está separado de todo mal y de ninguna manera es responsable del mismo. Dios está en contra del mal, pero su existencia constituye a menudo una piedra de tropiezo en algunos a la hora de creer en un Dios de amor.

Pero el mal sólo puede atribuirse al abuso del libre albedrío de parte de los seres creados, sean estos angelicales o humanos.

El sufrimiento como pueblo de Dios, sea en forma de problemas o persecución, es permitido divinamente con fines de bendición espiritual (Stg. 1.2–4; 1 P. 1.7; etc.) y no puede ser separado del amor de Dios.

En sintonía con lo dicho anteriormente esta teoría coincide en la visión de toda la actividad salvadora de Dios orientada a resolver el problema del mal. Durante su vida, Cristo experimentó dolor, pena, y sufrimiento (Mt. 8.16–17), pero la cruz es la respuesta final de Dios al problema del mal.

Allí se demostró su amor de manera suprema (Ro. 5.8; 8.32) en la identificación del Señor con el mundo sufriente al cargar con el pecado en la cruz. Esto debería hacerse palpable con el cambio moral que el evangelio produce en los hombres como evidencia de la realidad del triunfo de Cristo sobre todos los poderes malignos (Col. 2.15; 1 Jn. 3.8), y por lo tanto de la victoria escatológica final de Dios, donde el mal será eliminado del universo, y la creación compartirá con el hombre redimido su glorioso destino y donde tanto el mal físico como el mal moral desaparecerán eternamente (Ap. 21.1–8). El poder de Satanás está bajo el control divino (Job1-2), y finalmente será derrotado (He.2:14; Ap.12:9-11).


Continuará


Violencia, barbarie y… (V y última parte)


FUENTE: http://www.mercaba.org/Enciclopedia/V/violencia_genocidio_AT.htm

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento. (III Parte)

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento. (III Parte)

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Violencia, barbarie y… (I Parte)

Violencia, barbarie y… (II Parte)


Perspectiva histórica-social

-El mal

El significado de la palabra “mal” es más amplio que la de “pecado”. La palabra hebrea viene de una raíz que significa “dañar”, “romper en pedazos”, se trata de algo que se rompe y, en consecuencia, pierde todo su valor.

Esencialmente significa aquello que es desagradable, ofensivo. Esta palabra establece la relación directa que existe entre una mala acción y sus consecuencias. En la antigüedad el concepto del mal y la violencia tenían un cierto carácter sagrado.

En Babilonia los antiguos pensaban que en estos conceptos se encontraba el mismo origen del mundo:
“el dios Marduck, acompañado de vientos y relámpagos, había aplastado el cráneo de Tiamat (el caos) y cortado en dos mitades su cadáver; con una de esas mitades fijada en lo alto formó el firmamento para sostener las aguas de arriba, y con la otra mitad creó el resto”.

-Las guerras

La palabra en hebreo que se traduce es milh\aµmaÆ, aparece 313 veces en el Antiguo Testamento y proviene de la raíz de la palabra, laµh\am, ‘luchar’.

Desde el punto de vista geográfico la posición de Palestina con respecto a Mesopotamia y Egipto era crucial, ya que debido a que el gran desierto de Arabia hacia de separación entre estas dos civilizaciones además aseguraba, que el contacto fuese casi siempre por Palestina.

Estos encuentros eran normalmente enfrentamientos de carácter hostil, de forma que Palestina no pudo evitar ser testigo implicado (y también botín de guerra) sin buscarlo de los conflictos durante años en los dos últimos milenios a.C.

A esto hay que añadir que el pueblo de Israel conquistó un reino para sí solo, mediante una guerra de conquista y que una vez que se establecieron, tuvieron que llevar a cabo guerras defensivas para mantener a distancia a los filisteos, que negaban la validez de propiedad de los israelitas en relación con Canaán. La unidad de Israel bajo la monarquía duró poco y los reinos divididos de Israel y Judá pronto se ven defendiéndose de los pueblos vecinos, y finalmente del poder de Asiria y Babilonia.

No nos sorprende, por tanto, que la guerra ocupe un lugar importante en las páginas del Antiguo Testamento ya que simplemente por la situación comprometida geográficamente de Palestina, el pueblo de Dios se vio involucrado en multitud de conflictos bélicos. Además de lo dicho hasta aquí, es importante tener en cuenta que la guerra se consideraba como algo más que una lucha de poder por una tierra.

Generalmente se le adjudicaba una expresión sagrada, en la que estaba en juego de forma relevante y decisiva el honor del dios de la nación que representaba. El Antiguo Testamento ofrece un parecido superficial con esto. La diferencia está en que el Dios de Israel es ´´el Dios de los escuadrones de Israel“ (1 S.17:45), y está mucho más comprometido con las luchas de su pueblo que lo que se consideraba que lo estaban Marduk o Asur (2 Cr.20:22).

A Dios se lo describe como “varón de guerra” (Ex.15:3; Is.42:13), y uno de sus títulos es Jehová(1) de los ejércitos, pudiéndose referir a ejércitos celestiales (1 R.22:19) o ejércitos israelitas (1S.17:45). Era Dios el que conducía los ejércitos de Israel a la batalla (Jue.4:14), de manera que el relato más antiguo de los triunfos israelitas llevaba el nombre de “Libro de las batallas de Jehová”.

Más aun, en todas las etapas de los preparativos para la guerra se reconocía la dependencia de Israel de su Dios.

Primero, se averiguaba si el momento era el idóneo para atacar (2 S.5:23-24), luego se ofrecía un sacrificio.
Este último requisito preliminar se consideraba tan vital que Saúl en su desesperación se tomó los mismos privilegios sacerdotales, para evitar que se entrara en la lucha antes de haber buscado el favor de Jehová. (1 S.13:8-12).

Los profetas consideraban que Dios era la causa última del mal expresada en dolor, sufrimiento, o desastre.

Relación entre violencia e ídolos

Uno de los pecados del pueblo que denuncia el profeta Oseas es que “seguían sacrificando a los Baales y quemando incienso a los ídolos”. “Y ahora continúan pecando: se hacen imágenes fundidas”.
Es importante fijarse en que el culto al verdadero Dios se disocia del sacrificio sangriento humano, a la vez que el culto a los ídolos se ve fuertemente asociado a esos mismos sacrificios.

Una de las formas más violentas es el sacrificio de niños, normalmente el primogénito, práctica frecuente entre los cananeos, como vemos cuando el rey de Moab desesperado por no poder resistir un asedio.

Entonces tomó a su hijo primogénito que había de reinar en su lugar, y lo ofreció en holocausto sobre la muralla”. 2 Reyes 3:27.

También hay constancia de los sacrificios de infantes al dios Moloc, y su práctica de ´´hacer pasar por fuego“ a los niños ofrecidos, esta práctica se le recrimina a Jerusalén cuando Acaz y Manasés cometieron este pecado al sacrificar de esta forma a sus propios hijos (2R. 16:3; 21:6).

Posibles claves hermenéuticas de lectura para la compresión de los textos

La imagen del Antiguo Testamento es incompleta, distorsionada y es en Jesús que toma sentido. Puede que los “héroes” del Antiguo Testamento nos den una imagen distorsionada de Dios. Pero que Dios sin dejar de ser el mismo, y por medio de Cristo corrigió esta imagen fragmentada dándose a conocer en su manifestación plena y perfecta en su Unigénito.

En una ocasión Jesús pasaba con sus discípulos y la gente de una aldea de Samaria no quiso alojarlos, Jacobo y Juan profundamente indignados le propusieron a Jesús que invocara fuego del cielo que les consumiera, pero Jesús los reprendió: “vosotros no sabéis de que espíritu sois”.
Era evidente que para Jesús el espíritu no podía inspirar una conducta que llevase a la matanza de seres humanos.

En cuanto a las enseñanzas de la no-violencia en Jesús, hay mucho escrito y creo que no hay duda en cuanto al camino de la paz propuesto por Jesús, que en ningún caso aprobó el uso de la fuerza o los actos violentos en sus discípulos.

Aunque ellos no entendieron “…no sabéis de qué espíritu sois”, Jesús que sí sabía con toda certeza y exactitud de qué Espíritu era, sabía que el Espíritu de Dios no inspira sentimientos ni ansias de venganza asesina.

Cristo-y-su-Padre-Dios

Por tanto algunos entienden que estos relatos del Antiguo Testamento distorsionan tan profundamente la imagen real, clara y pura de Dios, manifestada en su encarnación en Jesús, que sin llegar a considerarlos falsos reconocen que no tienen ningún valor en absoluto para el cristianismo hoy, entendiendo que si en nuestra lectura del texto nos desviásemos tan solo en un detalle por pequeño o grande que sea del concepto de Dios que tenemos en Jesús, en ese instante ya hemos errado.

Por tanto con los genocidios, matanzas y sed de violencia del Antiguo Testamento puede alegorizarse o recurrir a interpretaciones espiritualizadas, cualquier cosa menos tomarlas literalmente, o entenderlas como una conducta aceptable.


(1) NOTA DE VIRGEN PEREGRINA: Quisiera hacer una aclaración importante. Me ha llamado la atención en esta sección, que la autora llame a Dios con el nombre de Jehová, lo cual me generó las dudas correspondientes, pues sabemos los católicos que no utilizamos este nombre pues es falso(*), y que es usado sobre todo por la doctrina protestante. He verificado la doctrina de origen del ensayo por si acaso, a pesar de haberlo encontrado publicado en Mercaba.org, que es una página dedicada a recursos para misioneros católicos, pues se evidencia la influencia de corte protestante en el escrito. En la bibliografía, que encontrarán en la última parte (V), verán que hay fuentes variadas, algunas católicas y otras de otros cultos. No obstante, de la lectura se desprende que se trata de doctrina católica. Pues habla de la Redención por la muerte de Jesucristo en la Cruz, y de la Justificación de los pecados por el sacrificio del Hijo de Dios. Punto de conflicto con la doctrina protestante. Ellos creen que por la “sola fe” seremos salvos, pues la satisfacción de la Cruz es simplemente que Jesucristo ha sido castigado, y que ha sufrido la pena por nuestros pecados, pero no que ha cargado con ellos ni que ha vencido la muerte. Lo cual, al menos a mi pobre entender, me da garantías de la catolicidad del ensayo, a pesar de este dejo de corte protestantista. Lo verán con mayor contundencia en algunos párrafos de la siguiente entrega. Si alguien más experto ve algo diferente suplico me lo haga saber.

(*)Sobre el origen del nombre “Jehová” los remito a este artículo de Catholic.net:

http://es.catholic.net/op/articulos/6909/cat/349/yahve-o-jehova.html 


Continuará


Violencia, barbarie y… (IV Parte)


FUENTE: http://www.mercaba.org/Enciclopedia/V/violencia_genocidio_AT.htm

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (II Parte)

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (II Parte)

Primera parte, en este enlace:

Violencia, barbarie y… (I Parte)


El Dios del Antiguo Testamento

Atributos

A lo largo de la historia han sido muchas las opiniones que se han formulado en cuanto a quién y a cómo es Dios. Algunos lo han visto como un número de emergencias al que llamar cuando tenemos un problema que requiere una solución rápida, llevada a cabo por un profesional (un Dios fontanero, electricista, incluso bombero).

Otros lo ven como un policía secreto que nos hace un seguimiento exhaustivo (tras sus gafas oscuras, ocultando su rostro tras un sombrero y un periódico que lee del revés), hasta que nos sorprende infringiendo alguna ley, para entonces sacar su libretita de multas y castigos.

Otros lo ven como un abuelito sentado en su trono celestial, con su larga barba blanca y su mirada de bonachón que pasa por alto las malas conductas de los hombres.

O tal vez como un juez inexorable, implacable y cruel al que no se puede apelar, y que hará recaer toda su furia y todo el peso de la justicia sin posibilidad de apelación alguna sobre el hombre.

Voy a citar los atributos no comunicables de Dios, que constituyen su esencia misma.

No comunicables

Dios es espíritu (Jn.4:21-24).
Posee personalidad (es alguien y no “algo”).

Es eterno
(Gn.21:33; Ap.1:18).

Omnipresente
(s.139:7-12).

Omnisciente
(s. 147:5).

Omnipotente
(Gn.17:1; 18:14).

Inmutable
(Num. 23:19; Stgo. 1:17)

Quiero detenerme un momento en algunos aspectos que nos permiten profundizar un poco más en el carácter de Dios, en cuanto a sus características morales, es decir, aquellas que condicionan la manera en la que Dios se relaciona con su creación y en particular con los seres humanos.

Comunicables

-Amor
“Dios es amor” (1Jn.4:8). La misma esencia de Dios se compone de un elemento base, el amor. Ese amor se manifiesta claramente en su benevolencia y providencia, a pesar del inmenso desorden moral al que estamos apegados. Sin duda es en la obra redentora de Dios encarnado y clavado en una cruz donde se hace patente el amor en acción que Dios tiene (es más, que Dios es en sí mismo) y que se manifiesta de forma visible. Romanos 5:8,9 “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El.” Como el amor de Dios está firmemente enraizado en el carácter personal de Dios mismo, es más profundo que el de una madre por sus hijos (Is. 49.15; 66.13). Esto puede verse más claramente en Os. 1-3, donde la relación entre el profeta y su infiel esposa Gomer ilustra la base última del pacto de Dios en una relación más profunda que la puramente legal, en un amor que está dispuesto a sufrir. El amor de Dios es parte de su personalidad, y no puede ser afectado por la pasión, o desviado por la desobediencia (Os. 11:1-4, 7-9). La infidelidad de Israel no puede afectarlo, porque “con amor eterno te he amado” (Jer. 31:3).

-Santidad
Etimológicamente proviene del hebreo qodesh y denota “separación” y consagración. Dios es Dios y no mundo, como dice Oseas “Dios y no hombre, el Santo” Os.11:9.

Su santidad denota su perfección moral absoluta, que trasciende a lo creado, y que no habita con lo malo o impuro. Su relación con su pueblo está profundamente marcada por esta dimensión ética de Dios, y por tanto su pueblo con todo lo que tenía que ver con Dios adquiría el carácter de sagrado, apartado de lo profano (Zac.14:20).

Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. No os contaminéis, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra.”

Dentro de este concepto encontramos otros dos: justicia y veracidad.

-Justicia
Absoluta rectitud de Dios en su persona y en la relación con el hombre.
Dios mismo es justo (2 Cr. 12.6; Sal. 7.9) por tanto todo lo que pide del hombre es correcto “La ley del Señor es perfecta“(s.19:7) así como perfectos son sus juicios (s.119:39,62; Hch.17:31). Por tanto la obra de salvación tiene como base la justicia de Dios “Porque la paga del pecado es muerte“ (Ro. 6:23), todo hombre es pecador y por tanto merece ser condenado, y Dios ha querido salvarlo no burlando su propia justicia perfecta sino cumpliendo sus exigencias mediante la expiación de Cristo .

La justa intervención de Dios (que aborrece la inmoralidad) en contra de la iniquidad de los hombres injustos es un consuelo para el pueblo de Dios que a menudo clama por justicia ante la inmoralidad cometida por hombres inicuos (s.37; 1S.8:3ss). Dios es, por lo tanto, un juez justo que obra a favor de su pueblo (Sal. 9.4; Jer. 11.20), y de cuya justicia depende ese pueblo para su liberación (Sal. 31.1; Jer. 11.20). Así surge la fusión de los conceptos mencionados de justicia y salvación. Dios es “Dios justo y (por lo tanto) Salvador“ (Is. 45:21; Sal. 36:6; Is. 61:10).

Para el Antiguo Testamento Dios es el Creador y por lo tanto es el fundamento y la garantía del orden moral. Su justicia está, por consiguiente, íntimamente relacionada con otros atributos morales más generales, tales como su santidad.

El Creador, sin embargo, es también el Redentor, y su justicia se ve en su actividad redentora. Es más, la experiencia que Israel tuvo de la justa liberación de Dios en el pasado lo llevó a la expectativa de un acto salvífico futuro.

El Mesías prometido que había de venir aparece como receptor e instrumento de la justicia divina (Sal. 72:1ss; Is. 11:3-5; 32:1-20; Jer. 23:5). Esto es así hasta tal punto que es “Justo” uno de los títulos que se le da al Mesías (Is. 53.11; Hch. 3.14; 7.52; 22.14).

-Veracidad
“Dios no es hombre para que mienta“ (Num.23:19), Dios es la Verdad (Jn.17), lo que el dice siempre se corresponde con la realidad, esto hace que sus promesas sean un fuerte consuelo porque “es imposible que Dios mienta“.

Hebreos 6:17-20 “De la misma manera Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propósito, interpuso un juramento, a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, seamos grandemente animados los que hemos huido para refugiarnos, echando mano de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, sumo sacerdote para siempre.“

-Misericordia
“Misericordia“, “misericordioso“ y “tener misericordia“ son traducciones de varias raíces hebreas y griegas diferentes que se traducen por medio de otros sinónimos, tales como “bondad“, “gracia“ o “favor“.

Ésta se identifica con la fidelidad de Dios a una relación establecida con Israel o con un individuo, como manifestación de su gracia, y a pesar de la infidelidad, desobediencia y rebeldía del hombre.

Como dice Snaith, “Esta negativa firme y persistente de Dios a desligarse del errático Israel es el significado esencial de la palabra hebrea que traduce benevolencia” . “Es el misericordioso favor del superior al inferior, completamente inmerecido”.

Dios es “Padre de misericordias” (Ex. 34.6; Neh. 9.17). “Sus misericordias sobre todas sus obras” (Sal. 145.9).

Por su misericordia somos salvos (Ef. 2.4). A menudo Jesús fue “movido a misericordia”, y nos dice, “Sed… misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc. 6.36; Mt. 18.21ss).

Este atributo del carácter de Dios expresa sin duda el aspecto más afectivo de su amor: su compasión y piedad.

Descartando por tanto la posición marcionita, que ya quedó zanjada en el s.II, como hemos comentado, debemos buscar una explicación a la violencia, barbarie y genocidios en el Antiguo Testamento desde la premisa indiscutible de que el nuevo Testamento no revela a un nuevo Dios, diferente del Dios del Antiguo Testamento, por tanto es falsa la idea de que el Dios de los judíos era un Dios vengativo mientras que el Dios del nuevo pacto es un Dios perdonador.

La Biblia en su totalidad revela a un único Dios, inmutable, que es a la vez justo y misericordioso (Dt.6:4; Mc.12:29; Stgo.2:19).


Continuará


Violencia, barbarie y… (III Parte)


FUENTE: http://www.mercaba.org/Enciclopedia/V/violencia_genocidio_AT.htm

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (I Parte)

Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento (I Parte)

En una conversación familiar, donde siempre surge alguna cuestion bíblica o teológica, emergió la siempre constante pregunta que creo, todo cristiano se hace o se ha hecho. ¿Por qué Dios era tan cruel en el Antiguo Testamento? ¿Por qué era un Dios vengativo? Y tantas otras cosas que se nos vienen a la mente cuando leemos las escrituras, y que nos resultan tan contrastantes con la imagen del Dios de Misericordia que tenemos hoy y que surge de la lectura del Nuevo Testamento. Y de cara al Año de la Misericordia que ya está tan próximo a comenzar, me parece que estas son preguntas que deben ser respondidas para vivir la Misericordia de Dios en mayor plenitud y confianza.

Intentando responder/me esta pregunta, e investigando el tema en internet, fui a dar con este maravilloso ensayo escrito cuya autora es Pepi Vicente -de quien no he encontrado mayor información, pero a quien agradezco enormemente su ensayo-, y publicado por Mercaba.org,

Se los iré entregando por partes porque es algo extenso, pero les aseguro que no tiene desperdicio. Y si alguno quiere la lectura completa, los remitimos a la versión original cuyo enlace encontrarán al final de la página.


Violencia, barbarie y genocidio en el Antiguo Testamento

Introducción

Resulta escalofriante la lectura de textos del Antiguo Testamento que narran con absoluta crueldad y frialdad las matanzas sangrientas de pueblos enteros (Sam. 15 y 16), incluyendo mujeres, niños, niños de pecho, ¡incluso los animales! Completos genocidios, fruto de la obediencia del pueblo hebreo a un mandato divino.

He continuado leyendo con una mirada de cierto pavor ante imágenes del profeta Samuel cuando asesina a Agag, no solo matándolo a espada, ni siquiera le resulta suficiente decapitarlo, sino que lo descuartiza, haciendo un despliegue de barbarie, ira y ensañamiento. Una vez muerto Agag lo golpea con su espada separando brazos y piernas del cuerpo, demostrando el enfado de YHWH porque Saúl había dejado un superviviente de su asoladora masacre.

Relatos como este constituyen escenas sangrientas, violentas, desagradables y horribles, una salvaje carnicería que casi pareciera sacada de un relato “gore” . Por ello, y entendiendo que el Dios al que rindo mi vida en agradecimiento, por el amor, la misericordia, el perdón y la fidelidad a las promesas hechas a su pueblo (de las que me ha hecho heredera por su gracia), no se ajusta demasiado a la idea de estas brutales narraciones, he querido buscar una explicación que me ayudase a disipar esta inquietud que me produce la lectura de estos textos que en su mayoría muestran la sed de venganza, la crueldad, la sangre, la barbarie y la violencia que caracterizan a los genocidios, guerras y sacrificios ofrecidos y realizados en el nombre de YHWH.

Es importante desmarcarnos y superar conclusiones como la del exegeta P. C. Craigie:
“No encontré nada que pudiera dar respuesta a mi pregunta, es decir al miedo teológico que yo sentía porque Dios y la guerra parecían ser una misma cosa”

Metodología

En este ensayo he de reconocer que la base que he usado como clave ha sido la de reconocer que como lectora de las Escrituras y estudiante de teología, he entrado en un campo apasionante y dinámico de la profundización de la Sofía de Dios.

Planteándome interrogantes, elaborando preguntas, indagando en la historia del pensamiento y de los acontecimientos que nos han precedido, enjuiciando mis propias seguridades, aceptando de ante mano, que tal vez muchos de mis interrogantes quedarán sin respuesta.

Me he acercado a los textos con una disposición sincera de diálogo , en el que asumo el riesgo de ser convencida y convertida por estos, transformando mis propias ideas y prejuicios con los que llegamos siempre a los textos. Es con esta actitud con la que he querido desarrollar este trabajo.

Debido a la complejidad del tema, a la hora de abordarlo he querido establecer unas bases lo más claras y concretas posibles que me permitiesen un diálogo posterior con los textos de la Escritura y con las distintas posiciones en cuanto al tema, e incluso extraer las mías propias al profundizar en estas premisas.

Pues bien, he comenzado por hacer un acercamiento al personaje de Marción y a su doctrina, como modelo de pensamiento que muchos de los creyentes de hoy sostienen (aún sin saberlo), intentando dar respuesta al interrogante que abrió en cuanto a quién es Dios, he formulado un resumen con lo que conocemos sobre quién y cómo es Dios, haciendo una breve definición de los atributos divinos.

He continuado definiendo brevemente tres conceptos claves (el mal, las guerras y la relación entre ídolos y violencia) que unidos a lo anterior pudiesen establecer una base firme de discusión sobre las posibles interpretaciones y explicaciones que se pueden dar a la violencia en el Antiguo Testamento.

La herencia de Marción

Muchos cristianos hoy, todavía se acercan a las Escrituras, concretamente al Antiguo Testamento desde una visión marcionita de Dios .

La iglesia superó esta crisis, declarando que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, no es otro que el Dios creador de todo lo visible e invisible, la creación proviene de él, y la creación es “buena”, como diría Génesis. Es la rebeldía y desobediencia del hombre lo que introdujo el caos y la muerte en la creación de Dios. A pesar de ello Dios actúa con el hombre como nos dirá la Palabra con amor, gracia y misericordia.

Pero ¿por qué en un tiempo en el que todos leían el mismo Antiguo Testamento como única Palabra de Dios, solo Marción y grupo de seguidores, fueron capaces de ver y denunciar que en los textos sagrados se encerraban historias espantosas llenas de crueldad y de violencia?

¿Acaso el resto de estudiosos de la Ley y los profetas no hacían una misma lectura de estos textos bélicos? Tal vez esto sucedió, por la misma razón por la que nosotros no entendemos ciertas cosas, porque la clave hermenéutica con la que ellos se acercaban no era la misma con la que nos aproximamos nosotros hoy y con la que quiso acercarse Marción.

Cuando el pueblo de Israel se acerca a la Torá lo hace desde sus propias experiencias con YHWH. Cuando los cristianos nos intentamos poner en contacto y salvar la frontera de tiempo y espacio creo que todo este proceso se torna sino imposible, muy complicado.

A mediados del s. II aparece el movimiento marcionita, iniciado por Marción. Natural de Ponto, es hijo de un obispo y fue educado en la fe cristiana. En el año 139 viaja a Roma donde comenzó a exponer sus opiniones y enseñanzas. Sobre el año 144, tras reunir a un grupo de seguidores, se separa de la iglesia formando una iglesia a parte.

Sus enseñanzas de carácter antisemita, tienen cierta influencia gnóstica, afirmaba que el Dios del Antiguo Testamento y de los judíos era un dios malo, un Demiurgos , ya que un mundo lleno de sufrimiento y crueldad solo puede ser obra de un ser malvado y no de un Dios bueno, el Dios del Antiguo Testamento y de los judíos por tanto era un dios malo.

¿Podía haber acaso un dios peor que el dios racista que elige al pueblo judío y se desentiende del resto de la humanidad? ¿Un dios más despreciable que ese dios vengativo, receloso, iracundo, que espía a los humanos para echarles en cara sus pecados con castigos desproporcionados?

Sostenía que en contraste con el Dios de los judíos había un segundo Dios, de amor y misericordia, que había permanecido escondido hasta que se reveló en Cristo, que vino en apariencia humana pero no como hombre real ya que consideraban el cuerpo, la carne como “mala”.

Este Cristo, vino en forma “fantasmagórica” a rescatar y librar a la humanidad del gobierno del malévolo Demiurgo, siendo los fieles seguidores de éste los que crucificaron a Cristo sin saber que su muerte era el pago por el que el Dios de amor compraba a los hombres del poder del Demiurgo permitiéndoles escapar del reino de las tinieblas y de las exigencias legalistas del judaísmo.

Además negaba la autoridad del Antiguo Testamento, considerando que era un libro judío que no le servía para nada a los cristianos, arremetiendo contra el Dios del que hablaba considerándolo muy inferior al Dios y Padre de Jesucristo del que habla el NT.
Acusaba a la iglesia de haber obscurecido la verdad del evangelio al intentar combinarlo con el judaísmo.

Marción no solo desgarró la autoridad de las Escrituras arrancando el Antiguo Testamento, sino que se hizo un NT “a su gusto”, siguiendo su propio criterio y opinión.

Extrajo aquellos textos que consideró demasiado judíos de los escritos de Pablo a los que añadió el evangelio según Lucas, recopilando una de las primeras colecciones de escritos del NT, un NT más reducido y según él más puro.

Fue expulsado de la iglesia y considerado hereje. Sus enseñanzas heréticas impulsaron a los cristianos contemporáneos a hacer apologética frente a estas herejías, impulsando el establecimiento oficial de los libros que constituirían el canon del NT y la unidad en las bases doctrinales del cristianismo.

Se afirmó así que el Dios y Padre de Jesucristo no es otro que el mismo Dios del Antiguo Testamento, Creador de todo, y que fuera de él no hay otro. Que el mundo material no es malo en sí mismo, sino que la corrupción, maldad, injusticia y dolor que existe es fruto de la rebeldía del ser humano.
Es cierto que en Jesús se manifiesta el amor, la gracia y la misericordia de Dios, pero esto no es una revelación novedosa, sino que JWHW contiene en su naturaleza estos mismo rasgos.

Todavía hoy cuando consideramos a Dios como un Dios de amor desgarrando de su naturaleza el concepto de justicia, cuando menospreciamos el Antiguo Testamento y sus enseñanzas, cuando hacemos alarde de una fe exclusivamente neotestamentaria, reflejamos aun sin ser conscientes, las enseñanzas heréticas y erróneas de Marción.

Hoy, aún tenemos en nuestras filas algunos “destellos de marcionitas” que se dejan ver de vez en cuando en nuestras iglesias, que quieren fragmentar a Dios y su Palabra.

Una forma que tenemos de hacer una lectura correcta de los textos del Antiguo Testamento, desde nuestra condición de cristianos, evitando caer en una idea marcionita acerca de Dios es conocer quién es en realidad este Dios, teniendo en cuenta una verdad básica que sostiene nuestra fe cristiana: Jesús es el más claro reflejo de la persona de Dios.

Es el Logos encarnado, la máxima y más perfecta manifestación de Dios, la revelación más completa de lo que Dios es, su naturaleza, atributos, etc. Toda la Escritura (Antiguo Testamento y NT) hablan de un mismo y único Dios, YHWH el Dios de los judíos es el Dios encarnado en Cristo, el Dios de los cristianos y no hay otro.

Como primer paso en este camino de comprender la crueldad en ciertos textos veterotestamentarios, responder a la pregunta suscitada por Marción y que todavía sigue en pie en muchas mentes:  “¿Cómo es Dios de verdad?”


Continuará


Segunda parte aqui:

Violencia, barbarie y… (II Parte)

FUENTE: http://www.mercaba.org/Enciclopedia/V/violencia_genocidio_AT.htm

Las revelaciones de Anna Catalina de Emmerick sobre la Natividad de María Santísima.

Las revelaciones de Anna Catalina de Emmerick sobre la Natividad de María Santísima.

Como saben, para que una revelación privada pueda ser tomada en serio, se necesita el permiso de Roma. Luego el creyente puede creer o no estas revelaciones. Pues la verdad revelada que pertenece al Magisterio, a la Santa Doctrina de la Iglesia, y que debe creerse con fe firme, es la Palabra Viva de las Sagradas Escrituras. Las revelaciones privadas, siempre que su lectura haya sido permitida por Roma, lo que hacen es colorear los momentos de la vida del Señor y su Santísima Madre.

Y como hoy es la fiesta de la Natividad de María, queremos dejarles este muy precioso escrito perteneciente a las revelaciones que tuvo la Venerable Beata Anna Catalina de Emmerick, permitida por la Santa Sede, con respecto al nacimiento de Ella, la mas bella de todas, Nuestra Madre Santísima. 


Nacimiento de María Santísima

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Con varios días de anticipación había anunciado Ana a Joaquín que se acercaba su alumbramiento. Con este motivo envió ella mensajeros a Séforis, a su hermana menor Martha; al valle de de Zabulón, a la viuda Enue, hermana de Isabel; y a Betsaida, a su sobrina María Salomé, llamándola a su lado. Vi a Joaquín, la víspera del alumbramiento de Ana, que enviaba numerosos siervos a los prados donde estaban sus rebaños, yendo él mismo al más cercano. Entre las nuevas criadas de Ana, sólo guardó en su casa a aquéllas cuyo servicio era necesario. Vi a María Heli, la hija mayor de Ana, ocupándose en los quehaceres domésticos. Tenía entonces unos diez y nueve años, y habiéndose casado con Cleofás, jefe de los pastores de Joaquín, era madre de una niñita llamada María de Cleofás, de más o menos cuatro años en aquel momento. Joaquín oró, eligió sus más hermosos corderos, cabritos y bueyes y los envió al templo como sacrificio de acción de gracias. No volvió a casa hasta el anochecer.
Por la noche vi llegar a casa de Ana a sus tres parientas. La visitaron en su habitación situada detrás del hogar, y la besaron. Después de haberles anunciado la proximidad de su alumbramiento, Ana, poniéndose de pie, entonó con ellas un cántico concebido más o menos en estos términos: “Alabad a Dios, el Señor, que ha tenido piedad de su pueblo, que ha cumplido la promesa hecha a Adán en el paraíso, cuando le dijo que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente… “. No me es posible repetir todo con exactitud.

Se encontraba Ana en éxtasis, enumerando en su cántico todas las imágenes que figuraban a María. Decía: “El germen dado por Dios a Abraham ha llegado a su madurez en mi misma”. Hablaba luego de Isaac, prometido de Sara, y agregaba: “El florecimiento de la vara de Aarón se ha cumplido en mi”. La he visto penetrada de luz en medio de su aposento, lleno de resplandores, donde aparecía también, en lo alto, la escala de Jacob. Las mujeres, llenas de asombro y de júbilo, estaban como anonadadas, y creo que vieron la aparición. Después de la oración de bienvenida se sirvió a las mujeres una pequeña comida de frutas y agua mezclada con bálsamo. Comieron y bebieron de pie, y fueron a dormir algunas horas para reposar del viaje. Ana permaneció levantada, y oró.
Hacia la media noche, despertó a sus parientas para orar juntas, siguiéndola éstas detrás de una cortina cerca del lecho. Ana abrió las puertas de una alacena embutida en el muro, donde se hallaban varias reliquias dentro de una caja. Vi luces encendidas a cada lado; pero no sé si eran lámparas.
Al pie de este pequeño altar había un escabel tapizado. El relicario contenía algunos cabellos de Sara, a quien Ana profesaba veneración; huesos de José, que Moisés había traído de Egipto; algo de Tobías, quizás un trozo de vestido, y el pequeño vaso brillante en forma de pera donde había bebido Abraham al recibir la bendición del ángel y que Joaquín había recibido junto con la bendición. Ahora sé que esta bendición constaba de pan y vino y era como un alimento sacramental. Ana se arrodilló delante de la alacena. A cada lado de ella estaba una de las dos mujeres, y la tercera, detrás. Recitó un cántico: creo que se trataba de la zarza ardiente de Moisés. Vi entonces un resplandor celestial que llenó la habitación, y que, moviéndose, condensábase en tomo de Ana. Las mujeres cayeron como desvanecidas con el rostro pegado al suelo. La luz en tomo de Ana tomó la forma de zarza que ardía junto a Moisés, sobre el monte Horeb, y ya no me fue posible contemplarla. La llama se proyectaba hacia el interior: de pronto vi que Ana recibía en sus brazos a la pequeña María, luminosa, que envolvió en su manto, apretó contra su pecho y colocó sobre el escabel delante del relicario. Prosiguió luego sus oraciones. Oí entonces que la niña lloraba. Vi que Ana sacaba unos lienzos debajo del gran velo que la cubría, y fajándola, dejaba la cabeza, el pecho y los brazos descubiertos. La aparición de la zarza ardiendo desapareció.

Levantáronse entonces las mujeres y en medio de la mayor admiración recibieron en brazos a la criatura recién nacida, derramando lágrimas de alegría. Entonaron todas juntas un cántico de acción de gracias, y Ana alzó a la niña en el aire como para ofrecerla. Vi entonces que la habitación se volvió a llenar de luces y oí a los ángeles que cantaban Gloria y Aleluya. Pude escuchar todo lo que decían: supe que, según lo anunciaban, veinte días más tarde la niña recibiría el nombre de María. Entró Ana en su alcoba y se acostó. Las mujeres tomaron a la niñita , la despojaron de la faja, la lavaron y, fajándola de nuevo, la llevaron en seguida junto a su madre, cuyo lecho estaba dispuesto de tal manera que se podía fijar contra él una pequeña canasta calada, donde tenía la niña un sitio separado al lado de su madre. Las mujeres llamaron entonces a Joaquín, el cual se acercó al lecho de Ana, y arrodillándose, derramó abundantes lágrimas de alegría sobre la niña. La alzó en sus brazos y entonó un cántico de alabanzas, como Zacarías en el nacimiento del Bautista. Habló en el cántico del santo germen, que colocado por Dios en Abraham se había perpetuado en el pueblo de Dios y en la Alianza, cuyo sello era la circuncisión y que con esta niña llegaba a su más alto florecimiento. Oí decir en el cántico que aquellas palabras del profeta:
“Un vástago brotará de la raíz de Jessé”, cumplíase en este momento perfectamente. Dijo también, con mucho fervor y humildad, que después de esto moriría contento. Noté que María Heli, la hija mayor de Ana, llegó bastante tarde para ver a la niña. A pesar de ser madre ella misma, desde varios años atrás, no había asistido al nacimiento de María quizás porque, según las leyes judías, una hija no debía hallarse el lado de su madre en tales circunstancias. Al día siguiente vi a los servidores, a las criadas y a mucha gente del país reunidos en tomo de la casa. Se les hacía entrar sucesivamente, y la niña María fue mostrada a todos por las mujeres que la atendían. Otros vecinos acudían  porque durante la noche había aparecido una luz encima de la casa, y porque el alumbramiento de Ana, después de tantos años de esterilidad, era considerado como una especial gracia del cielo.

El nacimiento de María en el Cielo, en el Limbo y en la naturaleza

En el instante en que la pequeña María se hallaba en los brazos de Santa Ana, la vi en el cielo presentada ante la Santísima Trinidad y saludada con júbilo por todos los coros celestiales. Entendí que le fueron manifestados de modo sobrenatural todas sus alegrías, sus dolores y su futuro destino.
María recibió el conocimiento de los más profundos misterios, guardando, sin embargo, su inocencia y candor de niña. Nosotros no podemos comprender la ciencia que le fue dada, porque la nuestra tiene su origen en el árbol fatal del Paraíso terrenal. Ella conoció todo esto como el niño conoce el seno de la madre donde debe buscar su alimento. Cuando terminó la contemplación en la cual vi a la niñita María en el cielo, instruida por la gracia divina, por primera vez pude ver la llorar. Vi anunciado el nacimiento de María en el Limbo a los santos Patriarcas en el mismo momento penetrados de alegría inexplicable, porque se había cumplido la promesa hecha en el Paraíso.
Supe también que hubo un progreso en el estado de gracia de los Patriarcas: su morada se hacía más clara, más amplia y adquirían mayor influencia sobre las cosas que acontecían en el mundo. Era como si todos sus trabajos, todas sus penitencias de su vida, todos sus combates, sus oraciones y sus ansias hubiesen llegado, por decirlo así, a su completa madurez produciendo frutos de paz y de gracia.
Observé un gran movimiento de alegría en toda la naturaleza al nacimiento de María; en los animales, y en el corazón de los hombres de bien; y oí armoniosos cantos por doquiera. Los pecadores se sintieron como angustiados y experimentaron pena y aflicción. Vi que en Nazaret y en las regiones de la Tierra Prometida varios poseídos del demonio se agitaban en medio de convulsiones violentas. Corrían de un lado a otro con grandes clamores; los demonios bramaban por boca de ellos clamando: “¡Hay que salir!. .. ¡Hay que salir! … “.
He visto en Jerusalén al piadoso sacerdote Simeón, que habitaba cerca del templo, en el momento del nacimiento de María, sobresaltado por los clamores desaforados de locos y posesos, encerrados en un edificio contiguo a la montaña del templo, sobre el cual tenía Simeón derechos de vigilancia.
Lo vi dirigirse a media noche a la plaza, delante de la casa de los posesos. Un hombre que allí habitaba le preguntó la causa de aquellos gritos, que interrumpían el sueño de todo el mundo.
Uno de los posesos clamó con más fuerza para que lo dejaran salir. Abrió Simeón la puerta y el poseso gritó, precipitándose afuera, por boca de Satanás: “Hay que salir… Debemos salir·… Ha nacido la Virgen… ¡Son tantos los ángeles que nos atormentan sobre la tierra, que debemos partir, pues ya no podemos poseer un solo hombre más…!”. Vi a Simeón orando con mucho fervor. El desgraciado poseso fue arrojado violentamente sobre la plaza, de un lado a otro; y vi que  el demonio salía por fin de su boca. Quedé muy contenta de haber visto al anciano Simeón. Vi también a la profetisa Ana y a Noemí, hermana de la madre de Lázaro, que habitaba en el templo y fue más tarde la maestra de la niña María. Fueron despertadas y se enteraron, por medio de visiones, de que había nacido una criatura de predilección. Se reunieron y se comunicaron unas a otras las cosas que acababan de saber. Creo que ellas conocían ya a Santa Ana.

Del libro “Visiones y revelaciones de la Venerable Ana Catalina Emmerich” Cap. 2: “De la Natividad de la Sma. Virgen a la muerte de San Jose”