“San Nicolás es ahora Caná de Galilea” – Homilía de Mons. Cardelli a las 00 hs. en la primera Misa en San Nicolás.

“San Nicolás es ahora Caná de Galilea” – Homilía de Mons. Cardelli a las 00 hs. en la primera Misa en San Nicolás.

Homilía del señor Obispo
del 24 de setiembre de 2015
en el campito de la Virgen
Misa de la 0.00 hora .

El Dios de la Misericordia, en su infinito designio de amor, envió a su divino hijo Jesús para que haciéndose nuestro hermano, nos diera la posibilidad de ser adoptados por el Padre Dios como a sus hijos.
Invitó a María para que fuera la madre de su divino Hijo, que tomando nuestra naturaleza, por su encarnación, nos hizo partícipes de la suya, por su Redención.
Vivió con nosotros y nos habló como palabra, no sólo pronunciada, sino también traducida en vida, en verdad y camino para facilitarnos entenderla y en modo especial, practicarla.
La primera oyente y portadora de ese Verbo de Dios fue María, que divide la historia sagrada del antes de la espera, al ahora de gozar de su presencia y aprender de su modo de vivirla, no se trató de adaptarla a nuestra vida, sino de adaptar nuestra vida a ella. Dijo Jesús: mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan y practican la Palabra de Dios.
María fue la portadora, la testigo en el modo de vivirla y la maestra, la catequista para enseñarnos a nosotros a incorporarla en nuestras vidas.

A partir de las Bodas de Caná, aún en su condición de discípula, comienza haciendo docencia; ya no era ella sólo la depositaria, sino la gran aprendiz, de tal modo que gozaba de la autoridad de su propio hijo, Quien no pudo evadir obedecerla, cuando nos dijo “¡Hagan lo que Él les diga!”. Ella supo que Él era el camino que debíamos seguir y además sabía que de no seguirlo corríamos el peor riesgo de nuestra vida, porque nuestros pasos perderían el rumbo y nos precipitaríamos a los más profundo de nuestra ruina.
Ahora su misión de mediadora de todas las gracias la ejerce no sólo a lo largo del Nuevo Testamento, sino que nosotros tenemos la alegría de saber que eligió este bendito lugar para seguir haciéndolo desde aquí. Nosotros somos hoy quienes escuchamos y recibimos ese último consejo maternal que nos dejó en el Evangelio, a fin de que procedamos a actuar según esa enseñanza, que aún respetó Jesús, su hijo divino, que fue enviado a cumplir la voluntad de su Padre, ahora sabiamente interpretada por su madre de la tierra: y Jesús obedeció y ordenó a los mozos a proceder, porque era necesario que la fiesta no se apagara por falta de vino nuevo que Él tenía reservado para hacer de nuestra vida temporal el adelanto de la fiesta del Reino anticipado aquí en esta vida.

Hoy somos nosotros, hermanos, quienes recibimos este pedido de Ella, la fiesta del Reino no debe posponerse por más tiempo, los invitados a la boda están desanimados y tristes por la falta del vino nuevo y comienzan a buscar la alegría donde está la tristeza, el dolor, la muerte!
El materialismo, la persecución, la guerra, el apetito desordenado de poder, la ambición desmedida de riqueza y de placer son grietas por donde se escurre el vino nuevo que fortalece y celebra la vida.
Cambiemos el rumbo de nuestra historia desgastada por estos males. Donde haya materialismo, pongamos los valores del Evangelio.
Donde haya persecución, pongamos diálogo, comprensión y amor.
Donde haya guerra, pongamos paz.
Donde haya poder, pongamos servicio.
Donde haya ambición de riqueza y placer, pongamos conciencia de que valemos mucho más que las tentaciones que nos esclavizan.
Hoy solamente el Evangelio puede darnos respuestas a tanto dolor.
Hoy solamente a través de los que creemos y vivimos este compromiso vendrá la alegría y se hará presente el Reino de Dios.

Queridos jóvenes, matrimonios, familias, consagrados, comunidades cristianas, María se manifiesta para animarnos a llevar adelante lo que Jesús nos pide.
Esta el la razón por la cual estamos hoy aquí, porque San Nicolás es ahora Caná de Galilea y Ella está aquí con Jesús, nos falta el vino y para poder recuperar la fiesta debemos hacer lo que nos dice.
Abramos el corazón a lo que Jesús, obediente a su madre, nos dice hoy. Brindemos con ese vino nuevo que el Señor nos convida y hagamos de nuestra vida la fiesta del Reino donde sobresalen aquellas conductas que nos adelantan aquí las alegrías que todos estamos llamados a vivir eternamente en el Cielo!
Gracias, María, por tu docencia; gracias, por tu amor materno; gracias, por venirte hasta aquí y poder celebrar con alegría este nuevo aniversario de tu cercanía!!!

Mons. Héctor Cardelli
Obispo de San Nicolás

Les adjuntamos este enlace con las fotos de la primera celebración de anoche en San Nicolas.

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Asunción de la Santísima Virgen María – Homilía de Benedicto VXI.

Asunción de la Santísima Virgen María – Homilía de Benedicto VXI.

Les dejamos esta muy bella homilía de nuestro amado Benedicto XVI.

¡Feliz y bendecida fiesta de Nuestra Señora asunta a los cielos!


De la mano de Cristo, Eunsa, 85
Referencias a la Sagrada Escritura: Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab. 1993

Cada vez que celebramos la festividad de la Asunción, se nos presenta ante los ojos la grandiosa señal de la que nos ha­bla la primera lectura de este día: una mujer revestida por el Sol, o sea, inmersa en la luz de Dios, que la inhabita porque Ella habita en Él.  Hombre y Dios se compenetran y se intercomunican. Los Cielos y la Tierra se han fundido. Por debajo de los pies, la Luna, como signo de que lo efímero y mortal ha sido superado, y que la transitoriedad de las cosas ha sido convertida en existencia perdurable. Y la constelación que la corona significa salvación, pues esas doce estrellas represen­tan la familia nueva de Dios, anticipada por los doce hijos de Jacob y los doce apóstoles de Jesucristo.

En esta fiesta pletórica de esperanza y de alegría com­prendemos que Jesucristo no ha querido estar solo a la derecha del Padre, y que con ella se clausura propiamente la nue­va Pascua. Jesucristo, grano de trigo muerto, no se va solo para encontrarse a solas con el Padre, abandonando a su suerte nuestra tierra. Recibiendo a María, inicia para nosotros, los que estamos en la tierra, nuestra propia recepción para que Dios y nuestro mundo se vayan compenetrando, y aparezca una tierra nueva. Por tanto, la enseñanza que se nos da en este día es la siguiente: que el Señor no está solo; que el naci­miento de la tierra nueva, lejos de situarse en el futuro, ha comenzado ya, y que es un germen para cualquiera de los hombres desde el momento en que se da completamente a Dios.

Con esa alegoría bíblica de la mujer, el Sol y las estrellas, y con el sencillo lenguaje de nuestro año litúrgico, se nos indica la Asunción del cuerpo de María en los Cielos. Tres con­ceptos capitales se mencionan: María, Cielo y cuerpo. María es el ser humano que se nos ha adelantado plenamente, y que por ello es para nosotros un foco de esperanza. Los in­tentos que se han hecho, en los últimos 200 años, para crear un hombre nuevo, y con él establecer una tierra nueva, nos han llevado a consecuencias catastróficas. Nosotros somos incapaces de hacer eso; pero Dios sí lo puede, lo hace, y nos enseña la manera de prepararnos para el encuentro con El.

Consideremos en su interrelación los otros dos conceptos que la Iglesia nos presenta en su Liturgia: Cielo y cuerpo, o, dicho exactamente, Cielo y tierra. Mencionar el primero pa­rece en la actualidad una antigualla. ¿Quién se atreve a nom­brarlo en estos tiempos? La nuestra es una época en la que resuena la voz de Nietzsche: Hermanos, permaneced fieles a la tierra. Nos invita a que, apartando por completo del Cielo nuestros ojos, disfrutemos plenamente de la tierra, y no esperemos otra cosa que lo que ella pueda darnos. Lo mismo Berthold Brecht: Dejemos el cielo para los pájaros. Y, por su parte, Albert Camus, dando la vuelta a las palabras de Jesús cuando decía: MiReino no es de este mundo (Jn, XVIII, 36), nos propone como designio: Mi reino es de este mundo. Tal ha sido el objetivo de toda una centuria. Mi reino es de este mundo: en esto ha resumido sus aspiraciones nuestro siglo, y en esto continuamos resumiéndolas nosotros. Deseamos tener en este mundo nuestro reino, el espacio donde vivamos nuestra vida. Pero ¿qué significa exactamente que nuestro reino es de este mundo?

Significa que pretendemos obtener del tiempo lo que sólo la eternidad nos puede dar. Nos esforzamos por sacar eternidades de lo que sólo es temporal; y, como es lógico, nos quedamos siempre cortos, y corremos sin descanso en pos del tiempo perdido. Cuando el tiempo es o único que cuenta, el resultado no puede ser otro que impotencia, perdida y falta de tiempo. Llega un día en que el tiempo mismo se nos va, mientras pensábamos que en él encontraríamos la eternidad.

Y algo parecido nos ocurre con la tierra, con este mundo nuestro, que vemos convertido en escenario de destrucciones. Si queremos arrancar todo de ella, se nos queda muy escasa, y acabamos destruyéndola. De aquí vienen inevitablemente aversiones entre nosotros, hacia nosotros mismos y hacia Dios, rivalidades y violencias. Frente a esto, bien valdría la pena que nos diésemos cuenta del mensaje que quiere transmitirnos esa imagen de la mujer que esta vestida por el Sol: que dirijamos nuestros ojos hacia el Cielo, con la seguridad de que también nuestra tierra saldrá regenerada. Volver nuestras mirada hacia el Cielo significa dejar que nuestras almas se abran a Dios para que tome posesión de nuestras vidas.

Al comenzar la Edad Moderna dijo alguien que deberíamos vivir como si Dios no existiera.Esto ha ocurrido, y a la vis­ta tenemos las consecuencias. Nuestra regla debe ser exactamente la contraria: vivir en todo instante dando como supuesto que Él existe, y conforme a lo que Él es, porque por fuerza es lo que es. Este vivir significa dar oído a su Palabra y a su Voluntad, sintiéndonos mirados por Sus ojos. De este modo, sentiremos que pesa más nuestra responsabilidad; pero, en compensación, se hará mas fácil y mas humana nuestra vida. Mas fácil, porque nuestros errores, fracasos, privaciones y perdidas jamás nos parecerán definitivos y fatales, sabiendo como sabemos que detrás de todo ello existe siempre un sentido, y que nada esta perdido para siempre. Desde esta perspectiva, nos aparece en primer plano el lado bueno de las cosas. Ciertamente, con mirar hacia el Cielo no impedimos que lo ingrato siga siéndolo; pero su peso habrá menguado, porque todo será para nosotros penúltimo. No nos rebelaremos cuando las cosas no resulten como quisiéramos, o se frustren nuestros propósitos: porque sabemos que, en el fondo, hay algo bueno en ello, toda vez que Dios es bueno.

Así, cuando perdamos a un ser querido, pensaremos que no se ha ido definitivamente, y que algún día volveremos a vernos. Es más: incluso deberíamos alegrarnos con la idea de un perfecto reencuentro. Si se ha ido de nuestro lado, nuestra separación provisional se cambiará en su momento por una compañía donde el gozo será completo y puro, sin que lo em­pañen las fatigas y tribulaciones de la vida presente. Y, por lo que se refiere a nuestras obras en general, procederemos pen­sando que su peso es oro eterno: porque Dios está mirándonos y nos guía; y porque El es el origen de la justicia, y nos trata justamente.

Con todo ello, se incrementa nuestro sentido de responsabilidad hacia nosotros, nuestros prójimos y la tierra en la que vivimos. Nos sentimos en libertad y sin temor ante el futuro. Nuestra vida mejora en calidad y en amplitud, y se dirige hacia delante combinando el sosiego con la firme decisión de progresar por el camino verdadero: el de la justicia y el amor de Dios.

Y hablemos ahora en concreto de las cosas corporales. Hoy se piensa que la creación de la materia nada tiene que ver con Dios: ella es como es, regida por sus leyes, y basta. Según esta mentalidad, el Cristianismo se reduce a pura idea, vacía de realidad. Pero, pensando bien las cosas, advertimos que semejante posición es incoherente. Sabemos perfectamente que la salud y la enfermedad no se reducen a fenómenos biológicos y psicológicos; que el cuerpo y el alma se intercomunican y se condicionan e informan mutuamente; que el alma es una fuerza constitutiva de nuestra vida corporal. Por otra parte, sabemos que la vida y el mundo son modificados por el odio y por el amor, y, sobre todo, que tanto el cuerpo como el alma resultan afectados de modos diferentes si expulsamos a Dios, o si, por el contrario, le acogemos.

En la Virgen María tenemos el mejor paradigma de lo segundo, por cuanto Ella, no solo rindió a Dios adoración mediante pensamientos, sino que le ofreció su cuerpo entero para que, a su vez, Dios tomase cuerpo. Para nosotros, por tanto, ser cristianos incluso con el cuerpo significa comportarnos como tales amando a la Creación y al Creador. En tal sentido, debemos hacernos cargo de que jamás preservaremos la Creación si pretendemos desconocer al Creador; de que continuaremos maltratando la tierra a menos que la usemos y custodiemos viviendo en armonía con Él, que nos la ha dado. Tenemos el deber de procurar que nuestra vida de cristianos esté caracterizada por el respeto hacia nuestros cuerpos y los ajenos, y hacia esta tierra nuestra, que es don de Dios. Si materializamos de este modo nuestro ser de cristianos, podremos contemplar como la luz eterna de Dios renueva y ennoblece nuestros cuerpos y nuestra tierra.

Y ahora, un último punto. Desde antiguo, la fiesta de la Asunción ha sido acompañada por la costumbre de bendecir las plantas. Esta fundada en la creencia popular de que, cuando se abrió el sepulcro de María, su interior exhaló efluvios aromáticos de plantas y de flores. Apoyémonos en ello para decir que, cuando el hombre hace su vida con Dios y para Dios, también de nuestra tierra brotan flores, y se desprenden perfumes y cantares. Y lo contrario: que la inmundicia de las almas contamina nuestra tierra y la destroza, según estamos viendo. De aquí que, para nosotros, esas plantas constituyan un símbolo del misterio de María, una señal de la consonancia entre los Cielos y la tierra. Ellas nos dicen que, si la tierra ha de florecer, será cuando y donde admitamos a Dios en ella volviéndonos nosotros hacia El. Con este espíritu, las llevaremos a nuestras casas como signo de que esperamos una tierra nueva; como signo de que nuestro Dios, que ha de crear unos Cielos nuevos y una tierra nueva, los hace ya florecer en cualquier parte donde los hombres aciertan a vivir en armonía con Su amor.

Fuente: http://www.mariologia.org/dogmas/dogmasmarianosasuncion010.htm
Fuentes oficiales donde verificar información sobre el Santo Padre.

Fuentes oficiales donde verificar información sobre el Santo Padre.

Ya habíamos hablado en la nota anterior de cómo corren por internet falsedades sobre los dichos de nuestro Santo Padre.

(Aquí el enlace: Los dichos falsos sobre Mahoma, el Coran y el Infierno que adjudican a Francisco.) Y había prometido listar una serie de páginas de confianza para verificar la información. Aquí lo prometido:

1- VATICAN.VA: La pagina oficial de la Santa Sede. Todo lo que Francisco ha dicho oficialmente, en Audiencias Generales, entrevistas, conferencias de prensa, boletines de prensa del Vaticano, toda actividad donde el Santo Padre se exprese, publica o privadamente, verbalmente o por escrito, está en esta página. Este es el enlace:

Screen Shot 06-14-15 at 09.21 PM

Click en la imagen para VATICAN.VA

2-NEWS.VA: La oficina de prensa del Vaticano. Incluye varios medios de comunicación, radio, centro televisivo, boletines informativos, etc. Aquí no solo se incluyen los dichos del Papa, sino toda la actividad referente a la Iglesia. Este es el enlace en español. Si prefieren otro idioma dentro de la pagina tienen opciones para cambiarlo:

Screen Shot 06-14-15 at 09.39 PM

Click en la imagen para NEWS.VA

3-RADIO VATICANA: Uno de los sitios informativos más completos. Porque no solo comprende programa radial. También ejecuta para imagen de Video el Vatican Player, Screen Shot 06-14-15 at 09.32 PMque es el sistema de video transmisión de todo lo concerniente al Papa. Solía estar dentro de la misma pagina Vatican.va pero ahora le han otorgado dominio dentro de Radio Vaticana. Es el sitio para las transmisiones en directo desde la Santa Sede. Todas estas filmaciones quedan archivadas en Vatican Player y pueden verlas cuando gusten. Solo tiene que buscar dentro del mismo programa la fecha del evento que quieren ver. Para ello necesitan descargar Silverlight, el programa soporte, aunque pronto dejará de funcionar en Chrome, por lo cual en breve se verán obligados a utilizar otros navegadores para ejecutar este programa. Aquí el enlace de Radio Vaticana. Y dentro encontraran Vatican Player:

Screen Shot 06-14-15 at 09.45 PM

Click en la imagen para RADIO VATICANA

4-L’Osservatore Romano: El Diario de la Santa Sede. Notas periodísticas “siguiendo, con una información completa y cuidada, la vida internacional, los debates culturales, los acontecimientos de la Iglesia en cada continente, con especial atención al ecumenismo y al diálogo con las religiones“. Requiere subscripción. Aquí el enlace:

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5-Rome Reports: Esta agencia vaticana produce pequeños clips sobre la actividad destacada del dia en el Vaticano, y de la Iglesia en todo el mundo:

Screen Shot 06-14-15 at 11.14 PM

Hasta aquí la información oficial perteneciente al Vaticano. Luego cada país tiene su medio de información oficial. Por ejemplo en Argentina tenemos AICA (Agencia Informativa Católica de Argentina). Y como nosotros, cada país tiene el suyo. Para esta tarea los invitamos a que cada uno nos aporte el suyo para ir ampliando la lista. El enlace de AICA:

Screen Shot 06-14-15 at 10.02 PM

Click en la imagen para AICA

Aquí hallamos la Agencia Católica de Noticias de México:

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Luego, como información confiable, no solo ya de Francisco sino de los diferentes Episcopados, tienen los sitios oficiales de las CONFERENCIAS EPISCOPALES de cada país. Por ejemplo, la Conferencia Episcopal Argentina no solo transmite lo que Roma requiere sino tambien las decisiones y comunicados propios, junto con la difusión de otros sitios importantes para el país al que pertenece. Aquí el enlace de Argentina

Screen Shot 06-14-15 at 10.09 PM

Hay muchos otros sitios de confianza, no pertenecientes al Vaticano, pero queremos dejarles la fuente segura. Lo que no encuentren aquí NO EXISTE, NUNCA SE DIJO.

Esta entrada se irá editando en forma permanente en función de las páginas nuevas que iremos incorporando de cada país. Ante la duda, nos preguntan lo que sea. Y todo lo que arroje luz sobre el tema será bienvenido.

En otra entrada listaremos para concluir, los medios independientes del Vaticano, pero igualmente confiables.

Homilía pronunciada por San Juan Pablo II en Padua, en la Basílica de San Antonio (12-11-82)

Homilía pronunciada por San Juan Pablo II en Padua, en la Basílica de San Antonio (12-11-82)

SAN ANTONIO, EL «DOCTOR EVANGÉLICO»

El domingo 12 de septiembre de 1982, el Papa hizo una visita pastoral a la ciudad y diócesis de Padua. Juan Pablo II fue en peregrinación a la basílica de San Antonio para conmemorar el 750 aniversario de su muerte. A media mañana celebró la Eucaristía y durante la misma pronunció la homilía que reproducimos a continuación, y que tomamos de L’Osservatore Romano, Ed. semanal en lengua española, del 19-IX-82.

Queridos hermanos de la comunidad franciscana, y queridísimos todos, hermanos y hermanas:

  1. aerea-1Juzgo una gracia especial del Señor poder unir hoy mis oraciones a las vuestras, en la clausura ideal de las solemnes celebraciones promovidas, el año pasado, con motivo del 750 aniversario de la muerte de san Antonio. Quisiera referirme inmediatamente a esanota peculiarque aparece como constante en las vicisitudes biográficas de este Santo, y que le distingue claramente en el panorama, aunque tan amplio y casi sin límites, de la santidad cristiana. Antonio –lo sabéis bien–, durante todo el arco de su existencia terrena fue un hombre evangélico; y si como tal lo veneramos, es porque creemos que en él se posó con particular efusión el Espíritu mismo del Señor, enriqueciéndole con sus dones admirables e impulsándole, «desde el interior», a emprender una acción que aun siendo notabilísima en sus 40 años de vida, lejos de agotarse en el tiempo, continúa vigorosa y providencial incluso en nuestros días.

Al dirigiros mi afectuoso saludo a todos los que estáis ahora reunidos en torno al altar, os invito, ante todo, a meditar precisamente en ese aspecto evangélico, que constituye también la razón por la que Antonio es proclamado «el Santo».

Sin hacer exclusiones o preferencias, se trata de un signo, a saber: que en él la santidad ha alcanzado cotas de altura excepcional, imponiéndose a todos con la fuerza de los ejemplos y confiriendo a su culto la expansión máxima en el mundo. Efectivamente, resulta difícil encontrar una ciudad o un pueblo del orbe católico, donde no haya por lo menos un altar o una imagen del Santo: su efigie serena ilumina con suave sonrisa millones de casas cristianas, en las que la fe alimenta, por medio de él, la esperanza en la Providencia del Padre celestial. Los creyentes, sobre todo los más humildes e indefensos, lo consideran y sienten como un Santo: siempre pronto y potente intercesor en su favor.

  1. Exulta Lusitania felix; o felix Padua, gaude, repetiré con mi predecesor Pío XII (cf.Carta Apostólica del 16 de enero de 1946, en AAS 38, 1946, pág. 200): exulta, noble tierra de Portugal, que en la falange numerosa de tus grandes misioneros franciscanos cuentas a este hijo tuyo como el primero del grupo. Y alégrate tú, Padua: a las glorias de tu origen romano, más aún, prerromano, a los fastos de tu historia al lado de la cercana y amiga Venecia, añades el título nobilísimo de custodiar, con su glorioso sepulcro, la memoria viva y palpitante de san Antonio. En efecto, desde Padua se ha difundido su nombre y resuena todavía en el mundo en virtud de esa nota peculiar, que he recordado antes: el aspecto genuino de su perfil evangélico.

Predicar y administrar el sacramento de la penitencia

300px-Basilica_di_Sant'Antonio_da_PadovaUn amplio ámbito, donde se expresó mejor ese carácter evangélico de san Antonio, fue sin duda el de la predicación sagrada. Precisamente aquí, en el anuncio sabio y valiente de la Palabra de Dios encontramos uno de los rasgos más salientes de su personalidad: la actividad incansable de predicador, juntamente con sus escritos, le ha merecido el apelativo de Doctor Evangelicus (cf. AAS 38, 1946, pág. 201). «Pasaba –escribe su biógrafo– por ciudades y castillos, pueblos y aldeas, esparciendo por todas partes las semillas de la vida con generosa abundancia y con ferviente pasión. En esta peregrinación suya, se negaba todo reposo por el celo de las almas…» (Vita prima o «Assidua», 9, 3-4).

Su predicación no era declamatoria, ni se limitaba a vagas exhortaciones para llevar una vida buena; intentaba anunciar realmente el Evangelio, sabiendo bien que las palabras de Cristo no eran como las otras palabras, sino que poseían una fuerza que penetraba a los oyentes. Durante largos años se había dedicado al estudio de las Escrituras, y precisamente esta preparación le permitía anunciar al pueblo el mensaje de salvación con excepcional vigor. Sus sermones, llenos de fuego, agradaban a la gente, que sentía íntima necesidad de escucharle y, después, no podía sustraerse a la fuerza espiritual de sus palabras.

Por tanto, se puede decir que al estilo evangélico propio del discípulo peregrinante de ciudad en ciudad para anunciar la conversión y la penitencia, correspondía el contenido evangélico: formado en el estudio de la Sagrada Escritura, que había sugerido al Pontífice Gregorio IX hablando de san Antonio el epíteto «arca del Testamento», al predicar a los hombres de su tiempo, les proponía, sobre todo, la doctrina pura de Jesucristo.

  1. Al ministerio de la palabra Antonio supo unir, desarrollando idéntico celo, la administración del sacramento de la penitencia. Grande en el púlpito, no fue menos grande un la penumbra del confesonario, coordinando lo que, por lógica sobrenatural, debe estar y permanecer unido. Efectivamente, predicación y ministerio de la confesión se sitúan como dos momentos de una actividad pastoral que, en el fondo, mira a la misma finalidad: el predicador, primero siembra la palabra de la verdad, reforzándola con su testimonio personal y con la oración; y él mismo recoge luego sus frutos como confesor, cuando recibe a las almas sinceramente arrepentidas y las ofrece al Padre de las misericordias, por medio del perdón y la vida.

s-antonio-y-la-mulaPara Antonio resultaba fácil y natural el paso de uno al otro ministerio: ya cuando predicaba, hablaba con frecuencia de la confesión, como confirman sus Sermones, donde son raras las páginas que no tengan alguna alusión. Pero no se limitaba a exaltar las «virtudes» de la penitencia, ni solamente recomendaba a sus oyentes que la frecuentasen. Realizando personalmente sus palabras y exhortaciones, era muy asiduo en administrar el sacramento. Había das en que Antonio confesaba ininterrumpidamente hasta el anochecer, sin tomar alimento. Sabemos, además, que «convencía para que confesaran los pecados a una multitud tan grande de hombres y mujeres, que no bastaban para oír las confesiones ni los Hermanos, ni otros sacerdotes que en no pequeño grupo le acompañaban» (cf. Vita prima o «Assidua», 13, 13).

Realmente para él, según sus mismas palabras, la confesión era «casa de Dios» y «puerta del paraíso», en una óptica de fe tan viva, que al aspecto sacramental y canónico (tan profundizado por la teología medieval) imponía como culmen el encuentro afectuoso con el Padre celestial y la experiencia consoladora de su perdón generoso.

A la luz de Antonio, ministro del sacramento de la penitencia, ¿cómo no recordar en esta ciudad de Padua a otro religioso de la familia franciscana, al Beato Leopoldo Mandic de Castelnuovo, el humilde y silencioso capuchino que, en el retiro de su celda del convento de Santa Cruz, fue durante decenios ministro de la confesión, infundiendo con el sacramento del perdón paz y serenidad a innumerables personas de toda edad y condición?

Anunciar y ofrecer la salvación a todos los hombres

  1. Son ejemplos preclaros éstos de los que estoy hablando, queridísimos hermanos y hermanas que me escucháis. Pero encontrándome en el templo que lleva el nombre de san Antonio, permitidme que, antes que a los laicos, me dirija sobre todo a vosotros, religiosos que atendéis aquí a estos sagrados ministerios «ex officio», y también a vosotros, sacerdotes diocesanos de Padua y del Véneto.

Predicación y penitencia: he aquí un gran binomio de pura matriz evangélica, que la praxis luminosa de Antonio os propone también a vosotros, ya que es plenamente válido y urgente para nuestros días, aunque tan diferentes de los suyos. Cambian los tiempos; pueden cambiar, y de hecho cambian según las indicaciones sabias de la Iglesia, métodos y formas de la acción pastoral: pero los principios fundamentales de ella y, sobre todo, el ordenamiento sacramental permanecen inmutables, como inmutables son la naturaleza y los problemas del hombre, criatura que está en el culmen de la creación divina, expuesta siempre, sin embargo, a la dramática posibilidad del pecado. Esto quiere decir que también urge anunciar al hombre de hoy, sin alterar su contenido, el kerigma de salvación (he aquí la predicación); también al hombre pecador urge ofrecerle hoy el instrumento-sacramento de la reconciliación (he aquí la penitencia). En fin, todavía es necesaria la actividad de evangelización en la doble vertiente del anuncio y del ofrecimiento de salvación.

benlliure39Las celebraciones antonianas no se habrán reducido solamente a una conmemoración, si en todos vosotros, sacerdotes, seculares o religiosos, se desarrolla la conciencia de estos dos ministerios irrenunciables y preciosos, y si en vosotros, laicos, se acrecienta el deseo, más aún, la necesidad de aprovecharos de ellos para vuestro progreso espiritual. ¿Acaso no es verdad que muchas veces una buena confesión se encuentra en este mismo proceso como punto de partida o de llegada? Todo esto –notadlo bien– siempre en la línea evangélica de la penitencia-conversión.

En el otoño del próximo año, si Dios quiere, tendrá lugar una nueva sesión del Sínodo de los Obispos, que estará dedicada a la penitencia y a la reconciliación. Después de los grandes temas de la evangelización, de la catequesis y de la familia, ha parecido oportuno examinar, bajo todos sus aspectos –y no es el último el pastoral-sacramental–, este importante tema que compromete en tan gran parte la vida y la acción de la Iglesia en el mundo.

Con miras a este acontecimiento eclesial, a la luz del centenario antoniano, os digo a todos los que estáis aquí presentes que reflexionéis en torno al don inefable de la reconciliación: exhorto a los sacerdotes para que sean siempre celosos ministros de la misma (cf. 2 Cor 5,18-19), como exhorto a los fieles a que estén siempre disponibles y sean dóciles: «Dejaos reconciliar con Dios» (ib., 20).

Fuente: http://www.franciscanos.org/selfran33/sanatonio.html

A Jesús por María – Mayo con los Santos

A Jesús por María – Mayo con los Santos

Caminaremos este mes de Mayo, mes de María, en la buena y grata compañía de nuestros  amigos los Santos. Hoy hemos elegido caminar con San Josemaría Escrivá de Balaguer:
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 Es Cristo que pasa. 149 (Homilías):
San Juan conserva en su Evangelio una frase maravillosa de la Virgen, en una escena que ya antes considerábamos: la de las bodas de Caná. Nos narra el evangelista que, dirigiéndose a los sirvientes, María les dijo: Haced lo que El os dirá. De eso se trata; de llevar a las almas a que se sitúen frente a Jesús y le pregunten: Domine, quid me vis facere?, Señor, ¿qué quieres que yo haga?.
El apostolado cristiano —y me refiero ahora en concreto al de un cristiano corriente, al del hombre o la mujer que vive siendo uno más entre sus iguales— es una gran catequesis, en la que, a través del trato personal, de una amistad leal y auténtica, se despierta en los demás el hambre de Dios y se les ayuda a descubrir horizontes nuevos: con naturalidad, con sencillez he dicho, con el ejemplo de una fe bien vivida, con la palabra amable pero llena de la fuerza de la verdad divina.
Sed audaces. Contáis con la ayuda de María,Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. María, a quienes se acercan a Ella y contemplan su vida, les hace siempre el inmenso favor de llevarlos a la Cruz, de ponerlos frente a frente al ejemplo del Hijo de Dios. Y en ese enfrentamiento, donde se decide la vida cristiana, María intercede para que nuestra conducta culmine con una reconciliación del hermano menor —tú y yo— con el Hijo primogénito del Padre.
Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así elhaced lo que El os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal.
Este rato de conversación delante del Señor, en el que hemos meditado sobre la devoción y el cariño a la Madre suya y nuestra, puede, pues, terminar reavivando nuestra fe. Está comenzando el mes de mayo. El Señor quiere de nosotros que no desaprovechemos esta ocasión de crecer en su Amor a través del trato con su Madre. Que cada día sepamos tener con Ella esos detalles de hijos —cosas pequeñas, atenciones delicadas—, que se van haciendo grandes realidades de santidad personal y de apostolado, es decir, de empeño constante por contribuir a la salvación que Cristo ha venido a traer al mundo.
Sancta Maria, spes nostra, ancilla Domini, sedes sapientiæ, ora por nobis! Santa María, esperanza nuestra, esclava del Señor, asiento de la Sabiduría, ¡ruega por nosotros!

(Fuente: http://www.escrivaobras.org/book/es_cristo_que_pasa-punto-149.htm)