Si fuera todo cruz…

Si fuera todo cruz…

Les dejo hoy este poema que he encontrado en una página que es por lejos una de mis predilectas: Abandono.com.

Este poema, viene muy bien para meditar en la cuaresma. Es largo, y con justicia, si le faltara algun verso estaría incompleto. Porque es de una belleza indescriptible. Me ha despertado el alma como un rayo. Se los recomiendo vivamente para este tiempo tan especial de encuentros íntimos con el Señor, que quiere que entremos en nuestro interior a buscarle para pedirle ayuda en nuestras debilidades, y sobre todo para encontrarnos con su Amor tan grande.

Para quienes quiera descargar el poema en formato mobi, nos avisan que se los enviamos por correo. ¡Gracias Jackie por el archivo!


Si todo fuera cruz…

Señálame los pasos; muéstrame tus sendas.
No tengo más camino, Señor, que tu Camino.
No tengo más tarea que amarte sin medida.
No tengo otro destino que hacer tu voluntad.
 
Estoy siempre dispuesto a partir a donde digas.
Carezco de equipaje,
de nada que me ate a nada de esta tierra.
Se iniciarán mis pasos
al ver un gesto leve de tu mano.
Terminarán allí donde decidas.
 
Me tienes por completo a tu servicio:
vivir en el silencio de los claustros,
correr por esta selva que es la vida
del mundo enloquecido de intereses;
volcar mi corazón y mis entrañas
sirviendo en lo que mandes.
 
Te quiero mi Señor, mi Dios, mi Amado.
No hay nada que requiera mi atención
más que servirte a ti.
 
No tengo otro destino que hacer tu voluntad.
Cayó todo mi cuerpo a la tierra del camino.
Cayeron las murallas de mi alma tan altiva.
Cayó todo mi ser, Señor, cuando quisiste.
¡Gracias, mi Dios, pues me llamaste así!
Despójame, Señor, de mis seguridades,
despójame de todo cuanto tengo,
desvísteme de todos mis ropajes.
 
No quiero tener deseos, ni imagen, ni historia.
Tan solo a tus ojos ser algo:
tu hijo confiado en tus brazos que, alegre,
abandona en tus manos de Padre todos sus asuntos.
 
No quiero ser nada, mi Dios,
más que lo que quieras.
Quedarme muy quieto ante ti;
ser tu compañía en cualquier Sagrario,
en cualquier lugar donde tu presencia
se me hace patente.
¿Qué más puede un hombre
pedirle a su Dios de él enamorado?
 
Despójame, sí, de todas mis ansias.
También de lo bueno que pueda tener.
Hazme puro hueco donde construir
tu casa, tu hogar…
un sitio apartado al que retirarte
para tu oración… cual fuera Betsaida.
 
Vacía, Señor, todo mi equipaje:
me quiero quedar como vine al mundo
ante tu presencia: pequeño y desnudo,
sin ninguna cosa por la que me pueda
sentir atraído, atado o vencido;
quedarme vacío, quedarme sin nada:
depender de ti… tan solo de ti.
 
Ser tuyo, Señor, ser… sin condiciones,
del todo entregado a tu voluntad.
Ser tuyo, Señor… solo por amor.
Dame, Señor, si quieres, el don de la humildad.
No lo quiero por mí. Lo quiero para ti,
para amarte y alabarte sólo a ti,
para referir mis circunstancias tan sólo a tu Persona.
 
Dame, Señor, si quieres, el don de la pobreza;
de la pobreza de alma, de la pobreza interior.
Quisiera no tener, para tenerte sólo a ti,
pues solo contigo basta al hombre.
 
Dame, Señor, si quieres, el don del amor total
a todo lo que sea tu voluntad.
No quiero resignarme, ni aceptar:
tan solo quiero amar aquello que en tu
Plan de Amor de Padre preveas para mí.
 
Dame, Señor, si quieres, entrega confiada y abandono
sin límite en tus manos;
lanzarme, sin temor a lo que venga,
a todo lo que sea tu voluntad.
 
Mi Dios, mi Amor, mi Todo…
tan sólo Tú me importas,
tan sólo Tú eres Lógica de Vida.
Tan sólo a ti quiero tender.
Es tu silencio, Señor, lo que ahora quieres darme.
Es tu silencio en respuesta a todas mis preguntas.
Tu silencio, que es paz
en medio de este ruido de la Tierra.
 
A veces, mi Señor, entiendo tus silencios
mejor que otras respuestas
más sonoras que me ofreces.
¡Encuentro tanto amor en tu silencio!
¡Me siento tan amado
en esa paz que así me otorgas!
 
Silencio y soledad, oculta oscuridad
a todo lo que sea
el ruido y el tumulto, el brillo de esta tierra…
 
No sé, mi Dios amado, qué puedo haberte hecho
para que vengas a inundarme de tu luz.
Tu luz… y tu silencio.
No entiendo cómo pueden ambos darse,
los dos al mismo tiempo.
La luz que se origina en tu presencia…
Silencio, sí, mas no silencio surgido de la nada;
silencio impresionante que de tu majestad se me deriva.
 
A veces, mi Señor, este mismo silencio
pudiera ser tomado por ausencia.
Tan sólo la soberbia de los hombres
genera una ceguera tan enorme.
 
Gracias, Señor. Estás en todas partes;
estás en todo tiempo, ya lo sé.
 
Gracias, Señor, por todos tus silencios.
Me siento un peregrino
que no se atreve a entrar
en la posada abierta del camino,
en tu corazón partido por la lanza.
Me siento pecador, Señor Jesús.
Me siento indigno de acercarme a ti,
de compartir la mesa en que te das.
¡Me sé tan lejos de realizar en mí
lo que aprendí oyendo tu mensaje…!
 
Señor… Señor Jesús… ¡cuánto dolor
por ser tan mal amigo,
por ser tan mal discípulo…!
¡Cuánta tristeza hay en mi corazón
al verme así… tan poco generoso,
tan poco convertido a la bondad
profunda y dilatada que me anuncias…!
 
Siento, Señor, los dedos de tu mano
que, en mi mejilla, enjugan esa lágrima
pequeña que resbala por la piel.
Siento, Señor, tu abrazo que me estrecha
fundiéndonos los dos en uno solo.
Siento, Señor, tu amor que no merezco.
Siento tu amor… y siento tu palabra.
¡Me siento tan mezquino, mi Señor,
me siento tan pequeño y miserable…!
 
Soy nada, mi Jesús. Soy nada, ya lo sé.
Partiendo de esta nada, que en mí es absoluta,
hoy quiero renovarte de nuevo mi promesa:
mi entrega es por completo, Señor, sin condiciones.
Te ofrezco lo que tengo y todo lo que soy.
Acepta, mi Señor, la ofrenda de mi amor:
amor para el Amor;
llamita para el Fuego Abrasador;
caricia que al Abrazo Eterno se le entrega;
suspiro… para Dios, en Hombre convertido.
Como el leproso, Señor, acudo a ti.
Enfermo y moribundo arrastro mi miseria
por el fangoso camino de mi vida.
Sucia e infectada está mi alma. Es lepra.
La lepra del pecado que atenaza, inflexible,
la pobre condición de mi persona.
 
Mis ojos apenas si se atreven a cruzarse
camino de tus ojos. Cayendo de rodillas
mi voz se eleva a ti en tono suplicante:
Jesús, amor amado, ¡tan sólo tu palabra y seré limpio!
 
No mires mi miseria, mi amor (…¡amor amado!)
no mires mi miseria…
Contempla en mi interior todo el dolor
sincero que me embarga.
 
Leproso y miserable ante ti caigo y,
postrado de rodillas, te suplico:
Señor, abrázame… ¡estréchame en tus brazos
y todo quedará bien limpio y olvidado!
 
Piedad, Señor, piedad…
piedad para este barro.
Cual vieja zapatilla que se adapta
perfectamente al pie que, de años, calza,
quisiera yo adaptarme, Amado mío,
a hacer tu voluntad manifestada.
 
¿De qué me sirve ser enamorado
de ti, como protesto cada día,
si no adecuo mi acción y mi jornada
para tu Plan de Amor llevar a cabo?
 
Ya ves, mi Dios, que es mi deseo
el realizar fielmente lo que quieres.
Abrázame, Señor, y no me sueltes
pues mi miseria me arrastra muchas veces.
Me siento tan pequeño, Señor,
tan lleno de miseria y de pecado….
No sé cómo me atrevo a levantar la vista,
a contemplar tus clavos, tus heridas…
 
Amor… Amor… me siento enamorado,
me siento acurrucado entre tus brazos,
me sé tan protegido y tan amado…
que casi me rebelo en mi soberbia
al asumir lo injusto de este caso:
me amas sin medida, Señor,
perdonas mis pecados,
me das tu abrazo estrecho y apretado…
Y yo no te respondo… no sé corresponderte…
 
Y quiero rebelarme,
y quiero ser cambiado desde dentro
y quiero verme otro, amante y entregado,
vencido en mi altivez, humilde y abrazado…
a ti, Jesús amigo… hermano…
 
Señor: preciso de humildad para aceptarme
pequeño, miserable, tan poco generoso,
tan falto de un amor que corresponda
a tanto don volcado…
 
Ayúdame, Señor,
ayúdame a ponerme de rodillas
volviendo la mirada al interior,
a donde te escondiste.
 
Ayúdame a llorar por mis pecados,
a darte a ti las gracias.
Ayúdame a admitir
que yo sin ti soy nada.
 
Y abrázame, Señor, abrázame bien fuerte
y no me dejes andar sin tu compaña.
Si en vez de mi mirada
tan sólo por tus ojos contemplara…
 
Si en vez de mis caricias
tan sólo con tus manos bendijera…
 
Si en vez de mis palabras
tan sólo con las tuyas consolara…
 
Si en vez de en este amor
tan sólo en tu Amor recibiera…
Si ya en mi corazón
tan sólo, Cristo, a ti se te encontrara…
 
Si ya, Jesús, a ti
te vieran confundido en mi persona…
 
Si fuera todo Cruz
de tanta cruz amada…
 
Si ya no fuera yo…
 
Si ya no fuera nada…
 
Será algún día, Señor,
lo sé, lo sé, mi Amado.
Será cuando decida
no ser ya más yo mismo.
Será cuando, vacío,
me inundes con tu gracia,
me empapes, como esponja, de ti mismo,
me quemes como a un tronco
que ya no quiere ser
más que calor y llama.
Señor… ¿porqué no hoy?
… pues tú lo puedes todo…
¡concédeme esta gracia!
Ten piedad, mi Señor, de mi presente
como ya la tuviste del pasado,
y ya que el corazón me lo has trocado,
ayúdame a vivir cristianamente.
 
Mira que quiero verme transformado,
transido de tu amor profundamente;
testigo de tu Cruz, constantemente
de espinas en mi cuerpo traspasado.
 
Pues de ti me confieso enamorado,
sólo tú has de ocupar mi pensamiento
Señor, amigo fiel, Crucificado.
 
Y puesto de rodillas a tu lado
tan sólo han de trabar conocimiento
mis ojos y tu cuerpo tan llagado.
Si de la oscuridad me reclamaste
con tu Pasión tras verte escarnecido,
¡cuánto agradezco aquello que has sufrido,
pues que con ello, Amado, me salvaste!
 
Si por tu celo y amor no me dejaste,
ya que de ti fui siempre perseguido,
tan solo es tuyo, Señor, lo conseguido,
pues con tu sangre y tus ojos me alcanzaste.
 
¡Cuánta miseria y lodo hay en mi vida!
¡Cuánto sufriste, Amor, por no quererte!
¡Qué salvación me has dado inmerecida!
 
Vamos, Señor: dame pronto la muerte,
ya que por ella he de encontrar la Vida…
Quiero morir, Señor, … para tenerte.
Me postro humildemente en tu presencia,
me muestro cual me siento: derrotado,
consciente de mi nada. Acongojado
pretendo absolución a mi conciencia.
 
No busco, mi Señor, tu complacencia,
ni busco en ti consuelo regalado.
Tan solo aspiro a verme perdonado,
volver a ti contrito con tu anuencia.
 
Si por contarle a un hombre mi pecado
voy a obtener perdón a mis ofensas,
lo contaré, Señor, y detallado.
 
Si por echar en tierra mis defensas
a mi interior serás recuperado,
las echaré, pues Tú bien lo compensas.
Has tocado, Señor, mi corazón soberbio
con tu mano llagada, atravesada
del clavo de todos mis pecados.
 
¡Qué dolor se amontona en mi costado
por ver tanta maldad como he tenido!
¡Qué pena me impondría
si fuera juez que viera mis delitos!
 
… Cayendo de rodillas
gimió todo mi cuerpo arrepentido:
Señor, … Amor, … mi Bien …
¿cómo se pueden dar, los dos al mismo tiempo,
ofensas repetidas y amor apasionado?
 
Amor, Amor, Amor, …
despiértame del sueño en el que muero,
transpórtame a la Vida.
Ayúdame a vivir muriendo cada día
a todo lo que pueda ser yo mismo.
Ayúdame a ofrecerte, enamorado,
lo que es mi propio cuerpo, mis ideas,
por si debieras verte, nuevamente,
mi amor, crucificado.
Ayúdame, Señor, a despojarme
de todo lo que soy.
 
Quiero difuminarme, atomizarme,
quedar como un rocío imperceptible
que impregne el terciopelo de tus rosas,
dotarlas de frescor en madrugada.
Y quiero evaporarme,
sin huella que denote mi presencia,
cuando el calor y luz de tu mirada
recorra cada rosa del jardín
que cuidas con esmero.
 
El ser, para servirte en mis hermanos.
No ser, para adorarte;
no ser para que seas
en mí lo que Tú quieras.
 
Ayúdame, mi Dios, a despojarme
de todo lo que soy
para empezar a ser
un poco e Ti mismo.
Quiero no tener, Señor,
otra seguridad que la de tu amor.
 
Quiero ver estallar la tempestad,
rugir los truenos, caer los rayos,
romperse el cielo en mil pedazos
y asolar la tierra un diluvio nuevo
sin acercarme a despertarte de tu sueño
echado a popa en mi barquilla.
 
Quiero navegar en esta frágil vida
abandonando el timón a tu cuidado.
 
Quiero que en mi vida no se encuentre
cuestión más importante o trascendente
que verte a ti, tenerte presente de continuo.
 
Quiero, Señor, tomar las decisiones que me incumban
desde tu perspectiva, desde tu corazón enamorado.
 
Quiero vivir pasando de puntillas por la vida,
oculto e ignorado.
 
Quiero vivir muriendo a mis caprichos,
dejando que las cosas de mi vida
transcurran tan solo a tu cuidado.
 
Quiero, Señor, que tomes en tus manos lo que soy,
que aceptes mi presente y mi futuro
y hagas y dispongas a tu antojo.
 
Quiero, Señor, perder toda la esencia de mi vida
y que tan solo Tú dispongas lo que quieras.
 
Quiero, Señor, ser consumido
por un último aliento
al exhalar tu nombre, Jesús mío.
Madera ya empapada por la sangre
manada de tus manos y tus pies,
vertida por las llagas de tu espalda.
 
Madera atravesada por los clavos
que a ti te taladraron.
 
Madera utilizada… envejecida
del uso que le has dado en veinte siglos.
 
Madera bien pesada que llevaste
pensando solo en mí, en todos mis pecados.
 
Ya es hora, mi Señor, que te releve:
hacerla toda mía,
tomar sobre mis hombros,
con gesto de alegría,
mi cruz de cada día negándome a mí mismo.
 
Sí quiero, buen Jesús, venir en pos de ti,
pues tú eres el Camino, Verdad… ¡el Agua Viva!

 

 

Fuente: http://www.abandono.com/rincones/oraciones/si-fuera-todo-cruz/

Sobre la oración. Relacionarse con el Padre.

Sobre la oración. Relacionarse con el Padre.

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Cuántas páginas harían falta para hablar sobre oración. De hecho Santa Teresa de Jesús se tomó la vida para hablar de ella. Tantos santos y doctores de la Iglesia han dicho tantas cosas como posible sea deducir sobre este tema, en función de la experiencia personal con la oración.

Y es que es eso: “Tratar de amistad con aquel que sabemos, nos ama”. Y si hablamos de amistad, bueno, cada persona es un mundo, con historias personales buenas o malas, con dones propios y tratos más cercanos o distantes, con culturas diferentes. Y cada cual tiene su manera única y particular de comunicarse y de establecer vínculos con un otro. Por ello cada relación de amistad es única y diferente de las demás. Y si llevamos esto a la amistad con Dios, que es inmutable, pero nosotros tan variables, la oración, es decir ese trato personal con Dios siempre será único y particular con cada ser creado.

Dios, al darnos la libertad (para alabarlo, para eso fuimos creados), en su infinita sabiduría ha querido que cada persona sea diferente de la otra, y en esa diferenciación, en esa particularidad que cada uno posee, se termine formando un abanico de alabanzas de múltiples formas y sonidos, gestos, colores y devociones. No somos clones, no somos máquinas, somos sus hijos, y cada hijo tiene una forma distinta de relacionarse con su Padre. Una forma distinta de besarlo, de abrazarlo, una confianza más cercana o más discreta y prudente, tiempos diferentes, apasionamientos diferentes.

Y Dios, que conoce a cada hijo suyo como buen Padre que es, sabe de estas diferencias, de estos tratos particulares, aunque siempre este buscando que este lazo se estreche, sea más sólido y estable. Y sabe por qué camino conducirnos a nosotros, sus hijos, para llegar al lazo perfecto con Él.

“Amar a Dios por sobe todas las cosas”

El primer mandamiento no está en primer lugar porque sí. Es la esencia de la vida misma. Para eso fuimos creados. Y esa es la llave de la plenitud y la felicidad. En ese especialísimo trato de amor con el Padre se nutren y encuentran vida todas nuestras otras relaciones con el resto de los vivientes y con el resto de la creación.

Como nos cuesta entender esto. Creemos que por amar a Dios por encima de todo, amaremos menos a nuestros hijos, padres, hermanos o lo que fuere. Es todo lo contrario. En la virtud de privilegiar este amor al Padre de los cielos se incrementan, purifican, solidifican todas nuestras otras relaciones.

Podría recomendarles muchos libros en este momento. Pero si no nace en el corazón esta necesidad, este querer tener una relación personal con Dios, nuestro Padre, el resto serán palabras que se las lleve el viento. Los que escribieron esas palabras primero entendieron esto. Y luego del corazón surgieron estas palabras como consecuencia lógica del trato personal con el Padre.

¡Es tan bello nuestro Padre! No se priven de una relación con Él. Nadie diga no puedo. El amor no se siente de golpe, el amor se construye.

Entre verdades y fantasías, profetas de nuestro tiempo.

Entre verdades y fantasías, profetas de nuestro tiempo.

Uno de mis libros, y de mis películas favoritas, es el Señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien. Y siempre digo que Tolkien fue a su modo una suerte de profeta de nuestro tiempo por su modo de plasmar la realidad, y por las grandísimas verdades morales, perfectamente personificadas y definidas en sus historias.

Ser profeta no es precisamente pronosticar el futuro. Los profetas del Antiguo Testamento mayormente eran denunciantes de la realidad. Decían al pueblo, en nombre del Altísimo, que estaban pecando en tal o cual cosa. Algunos iban mas allá con visiones proféticas, como Isaías que anuncio la crucifixión y la Virgen Santísima. Pero en general es eso.

El Santo Padre, casi al principio de su pontificado (no he podido hallar la cita) pidió en varias ocasiones que no se acallara la voz de los profetas, que son quienes le dan la orientación a la Iglesia. Lo dijo varias veces y de varios modos. Y creo que esto está estrechamente ligado a lo que digo. Tantas, tantas voces suenan hoy en donde uno puede encontrar mensaje certero de Dios. Voces confiables que uno escucha y contrasta con la realidad y dice: si, lo que dice es una verdad de acero.

Humanae Vitae de Pablo VI, por ejemplo, un encíclica escrita en 1968, es altamente profética. Su denuncia sobre los métodos anticonceptivos, y los males que sobrevendrían a la humanidad como consecuencia de su uso, son de una similitud con la realidad presente que resulta abrumadoramente idéntico a lo que hoy vivimos a nivel mundial. Un ejemplo:

No se necesita mucha experiencia para conocer la debilidad humana y para comprender que los hombres, especialmente los jóvenes, tan vulnerables en este punto tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer cualquier medio fácil para burlar su observancia. Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada. 
Reflexiónese también sobre el arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales. ¿Quién podría reprochar a un gobierno el aplicar a la solución de los problemas de la colectividad lo que hubiera sido reconocido lícito a los cónyuges para la solución de un problema familiar? ¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideraran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz? En tal modo los hombres, queriendo evitar las dificultades individuales, familiares o sociales que se encuentran en el cumplimiento de la ley divina, llegarían a dejar a merced de la intervención de las autoridades públicas el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal. (Carta Encíclica “Humanae Vitae” – 17)

Y no hace falta ser Papa para ser profeta, cualquier mendigo puede serlo. Allí tenemos al profeta Amos. Un pobre cosechador de sicómoros. Dios lo manda a predicar nada menos que al templo, a los que supuestamente debían escuchar a Dios. Pues Dios se valió de este hombre humilde para decirles algunas verdades.

Hoy quiero dejarles un profeta de nuestro tiempo. Con verdades dichas de un modo ciertamente más realista y crudo que las que nos cuenta Tolkien.

Señoras.. señores… un héroe nacional. El Dr. Abel Albino. ¡Alabado sea el Señor en su misericordia!, que nos manda un hombre que ha salvado la vida y el futuro de más de 15.000 niños por prevención de desnutrición infantil, y que ha salvado a más de 5000 niños de desnutrición severa con una tasa de mortalidad CERO, niños que hoy pueden tener un futuro gracias a su compromiso con Dios y con la sociedad.

Aquí va la versión corta:

Como le dice Sam a Frodo cuando el pobrecito ya estaba por rendirse:

“el bien aun existe, lo se mi señor Frodo. Y tenemos que defenderlo”

Y por si quieren más de Albino (sé que querrán), les dejo la versión Blue Ray. Media hora cada video, tiempo muy bien aprovechado.

La trascendencia social del amor al prójimo.

Contemplar los iconos. 5- Jesus entre los doctores

Contemplar los iconos. 5- Jesus entre los doctores

Serie “Contemplar los iconos”

1- La Anunciación

2- La Visitación

3- La Natividad 

4- La presentación del Niño en el Templo

5- Jesus entre los doctores de la ley

6- Oración de Jesus en el huerto

7- La Flagelación del Señor

8- La Coronación de espinas

9- Jesus con la cruz a cuestas 

10- La Crucifixión de Jesus


En el quinto misterio gozoso “Jesus perdido y hallado en el Templo entre los doctores de la ley”

Este icono me ha costado más trabajo de lo usual, pues es un pasaje evangelico menos retratado que los anteriores. He hallado este icono, “Jesús Maestro”. Es un icono ruso del siglo XVI. Catedral de la Anunciación, Moscú.

Dado que es un fresco de bastante antigüedad, cuesta un poco definir los elementos. No he podido hallar la razón de que se llame de ese modo, porque parece que se refiere a la vida publica de Jesús. Sin embargo en todo momento lo he encontrado, incluso en otros idiomas, graficando este pasaje de Jesus entre los doctores.

El icono se llama “Jesús Maestro”. Pudiera dar la impresión de referirse a etapas adultas de la vida publica de Jesus. Sin embargo hay iconos que se le parecen bastante y que si pertenecen a este misterio gozoso, lo cual genera dudas.

Podríamos argumentar que Jesus esta pintado de dimensiones más grandes, por lo que sin dudar se lo puede tomar como una figura adulta. Pero hay un detalle importante, uno de los recursos utilizados en estos siglos era lo que se llama hoy en dia la “perspectiva jerárquica“, a mayor importancia del personaje, mayor tamaño de la figura. Daremos un ejemplo para que se entienda mejor:

La Madonna es más importante, por eso su figura se resalta representándola en un tamaño mucho mayor que el resto de los personajes. Por lo tanto, en el primer icono, Jesus maestro, bien pudiera tratarse de Jesus a los doce años, y nosotros no notarlo. Y veremos que sucede lo mismo con este otro, donde Jesús sí aparece ya representado con una imagen más juvenil.

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El personaje central es Jesus, que esta en medio de los doctores de la ley.

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Está en la “sede”, esa tarima sobre lo que apoya sus pies, que indica que imparte sabiduría por encima de los demás. Mientras una de sus manos esta en alto, en señal de que esta hablando, en la otra sostiene un rollo de papel escrito. Es símbolo de dos cosas. En primer lugar es Palabra de Dios, y luego el rollo de papel en general se lo utiliza tambien para representar la misión. Jesus ha abandonado a sus padres para cumplir con lo el Padre le pide.

A ambos lados los doctores se preguntan y se asombran de este Niño tan sabio. Ya tiene doce, ha llegado a la edad adulta, adquiere derechos para hacer lo que está haciendo pero no se supone que a su edad su sabiduría se imponga sobre la de los doctores del templo. En eso reside el misterio.

Jesus esta en el centro, pero ligeramente situado hacia a la derecha. Esto no es casual, el iconoclasta ha querido asociarlo al edificio rojo que se encuentra a su lado:

santo

Jesus no esta en cualquier parte predicando, esta nada menos que en Templo de Jerusalen. Ese edificio rojo que destaca es el Sancto Santorum, el Santo de los Santos, el centro más importante de la fe judía. Allí habitaba Dios hasta que el velo se rasgó con la muerte de Jesus en la Cruz. El iconoclasta ha querido representar esta asociación del Santo de los Santos con el Niño que predica tan pronto como le es permitido. Incluso se puede ver que el velo esta ligeramente corrido, lo cual estaba prohibido. ¿Dios abre la cortina para deleitarse con su Hijo? ¿Su Palabra? Todo parece indicar esa asociación. En el otro icono, el más antiguo, esta asociación pudiera estar representada en que Jesus este sentado “sobre” este habitáculo, aquella pequeña puerta negra bajo sus pies.

Los techos de los edificios son azules. Esto no es casual. Recordemos que el azul era exclusivo en la pintura para representar todo aquello que alude al emperador. Esta es la Casa de Dios, sus techos lo reflejan.

techos

Finalmente un detalle que no aparece en la iconoclasia rusa. En los iconos occidentales de la misma epoca, suelen apareces en escena Jesus y María reclamando a su Hijo la ausencia:

Pero Jesus era buen Hijo, sensible al amor de sus padres. Esperaría a que estuviera todo dispuesto para la misión, y mientras tanto se sujetó a su amoroso cuidado.

Al ver, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?».

Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres. (Lc 2,48-52)

Contemplar los iconos. 4 – La presentación del Niño en el templo.

Contemplar los iconos. 4 – La presentación del Niño en el templo.

Serie “Contemplar los iconos”

1- La Anunciación

2- La Visitación

3- La Natividad 

4- La presentación del Niño en el Templo

5- Jesus entre los doctores de la ley

6- Oración de Jesus en el huerto

7- La Flagelación del Señor

8- La Coronación de espinas

9- Jesus con la cruz a cuestas 

10- La Crucifixión de Jesus


La presentación del Niño en el templo.

En el cuarto misterio gozoso “La presentación de Jesus en el Templo, y la purificación de María”

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. (Lc 2, 22-24)

Este icono suele presentarse muy similar en todas las versiones, solo que en algunos aparece la purificación de María y en otros no, como veremos luego.

Aquí suelen aparecer siempre cinco personajes. En la escena principal, que no se halla en el centro sino hacia la derecha, María entrega el Niño al anciano Simeón que, un tanto inclinado, muestra la adoración y reverencia a la Promesa de Dios, que tanto había esperado.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios (Lc 2,25-28)

María, Simeón y el Niño:

Simeón siempre aparece sobre una escalinata, por encima de los demás. Esto demuestra que tenía jerarquía sacerdotal. Incluso algunos iconos lo muestran con ropajes muy solemnes.

María esta revestida de los colores habituales. La túnica azul purpura, que como ya hemos dicho alude a que ha sido tocada por la divinidad. Recordemos que este color se utilizaba solo para figuras relacionadas al emperador o sus familiares. Y tambien su manto rojo amarronado, símbolo de sacrificio, vida y con el tinte amarronado de la humildad.

Podemos ver tambien como se repiten sobre el manto de María los tres rosetones que indican su triple virginidad.

El Niño no aparece como la tierna imagen de un bebe recien nacido, sino como la de un adulto sentado en su trono, en postura de autoridad.

Y un detalle importante en María, en Simeón, y tambien en José. Los tres tienen las manos cubiertas, en señal de que están tocando a Dios. Indica la reverencia que tienen hacia el Niño-Dios.

San José y Ana, la profetiza:

A la izquierda de la escena principal, José porta las dos tórtola que serán el sacrificio ordenado por la Torá.

En este icono, a diferencia del anterior, veremos a San José revestido de colores similares a los de María. Es que él tambien ha sido alcanzado por la divinidad de su Hijo adoptivo. Es su padre. Esto esta representado en el purpura de su túnica. También el color rojo del manto, aunque no tan amarronado como el de su Esposa. José ha sacrificado su vida y la ha puesto al servicio de la Vida.

Ana, la profetiza, esta vestida en tonos tierras, tambien como indicio de su virtud. No en todos los iconos, pero suele aparecer llevando un rollo desplegado en la mano. Señal de que profetiza y anuncia que la Salvación prometida y tan anunciada por los profetas del Antiguo Testamento al fin ha llegado.

Finalmente, el detalle del baldaquino:

Representa el presbiterio de una iglesia bizantina, esquematizando así el concepto de Templo. Dando la idea de que todo ocurre ante el Santuario del Señor. En algunos iconos el velo purpúreo que cubre los edificios del fondo, quiere expresar figurativamente el manto del Señor que llena todo el santuario y recubre todo lo creado.

Los dejamos con el episodio final de este pasaje del Evangelio, y la escena en la película “Jesus de Nazareth”:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
La profecía de Simeón
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
La profecía de Ana
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. (Lc 2, 29-38)

De una entrevista al Papa Francisco, y de una Virgen María “popular en entre las clases populares”.

De una entrevista al Papa Francisco, y de una Virgen María “popular en entre las clases populares”.

Para comenzar este articulo, y ya que vamos a hablar de “populismo”, les quiero transcribir una cita textual de alguien muy “popular” en la Iglesia. Ya se, no es lo mismo populismo que popular, pero es que algunos periodistas están dando cátedra en esta clase de confusiones. Pero salvando los descomunales errores terminológicos de mis coterráneos, quisiera que mientras leen esta cita, traten de imaginar quien lo esta diciendo:

«¿Quieres honrar al Cuerpo de Cristo? No permitas que sea objeto de desprecio en sus miembros, es decir, en los pobres, faltos de ropa con la que cubrirse. No lo honres aquí en la Iglesia con telas de seda, mientras fuera lo dejas de lado mientras sufre a causa del frío y de la desnudez. Aquel que ha dicho: “Esto es mi cuerpo”, confirmando el hecho con la palabra, ha dicho también: “Me visteis hambriento y no me disteis de comer” (Mt 25, 42), y, también: “Cada vez que no hicisteis estas cosas con uno de estos pequeños, no lo hicisteis conmigo” (Mt 25, 45). El cuerpo de Cristo que está sobre el altar no necesita manteles, sino almas puras; mientras que aquel que está fuera necesita mucha atención. Aprendamos, pues, a pensar y a honrar a Cristo como Él quiere. De hecho, la honra que más agradece de las que podemos dar a quien queremos venerar, es la que Él mismo quiere, no la que nosotros pensamos. También Pedro creía que le honraba impidiéndole lavarle los pies. Eso no era honra, sino verdadera descortesía. Lo mismo tú, ríndele el honor que Él ha mandado, haz que los pobres se aprovechen de tus riquezas. Dios no necesita copas de oro, sino almas de oro».

¿Ya te lo imaginaste? Aca va otro, no del mismo autor:

«Y, en primer lugar, lo que hiere nuestros ojos hoy es que en nuestro tiempo no solo hay concentración de la riqueza, sino también acumulación de un poder enorme, de un despótico señorío sobre la economía en manos de unos pocos, y estos a menudo ni siquiera son propietarios, sino únicamente depositarios y administradores del capital, pero del cual disponen a su gusto y capricho. Este poder se hace más que nunca despótico en aquellos que, poseyendo el dinero, se comportan como amos; allí donde de algún modo son los distribuidores de la sangre misma de la que vive el organismo económico, y tienen en su mano, por decirlo así, el alma de la economía, de modo que nadie puede ni siquiera respirar en contra de su voluntad».

La primera cita pertenece a San Juan Crisóstomo, quien viviera entre el 344 y 407. La segunda es una cita de Pio XI, perteneciente a una encíclica escrita en 1931. 

Jesús no era populista, ni lo es. Jesus es Dios, Dios de amor, que se deshace por los pobres y desprotegidos. Lo Padres de la Iglesia son quienes portan su palabra y su ejemplo. No podemos hablar en términos eclesiásticos de Izquierdas o Derechas, de Comunistas o Conservadores, conjeturando a partir de la cercanía que tiene una persona en su trato con los pobres. ¡Que simplificación tan burda!. Ocuparse de los pobres no es una cuestion política, es una cuestion de amor.

Que en todos lados hay pronunciamientos extremistas por supuesto los hay, pues no habrían hecho falta, por ejemplo, las advertencias de la Santa Sede a la Teología de la Liberación. Pero que el Papa hable de los pobres no lo convierte en populista, ni comunista, sino en claro ejemplo evangélico de lo que Jesus nos ordenó: “porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer” (Mt 25, 35). Francisco  no hace otra cosa que como Vicario de Cristo tiene deber y derecho, que es dar ese amor que le desborda del corazón, y que se deshace por los que sufren.

Les dejo una  entrevista al Papa Francisco, que pertenece a un libro cuya introducción tuve la oportunidad de leer, “Esta economía mata”, de Andrea Tornielli y Giacomo Galeazzi, redactores en el diario La Stampa. Vaticano.


-Santidad, ¿el capitalismo tal y como lo hemos estado viviendo en las últimas décadas es, según su opinión, un sistema de alguna manera irreversible?
-No sabría cómo responder a esta pregunta. Reconozco que la globalización ha ayudado a muchas personas a salir de la pobreza, pero ha condenado a muchas otras a morir de hambre. Es cierto que, en términos absolutos, aumentó la riqueza mundial, pero este sistema se mantiene con esa “cultura del descarte” de la que ya he hablado en varias ocasiones. Existen una política, una sociología y una actitud del descarte. Cuando ya no es el hombre, sino el dinero, lo que ocupa el centro del sistema, cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a meros instrumentos de un sistema social y económico caracterizado, es más, dominado por profundos desequilibrios. Y así se “descarta” lo que no le sirve a esta lógica: es esa actitud la que descarta a los niños y a los ancianos, y que ahora también afecta a los jóvenes. Me impresionó saber que en los países desarrollados hay muchos millones de jóvenes menores de 25 años que no tienen trabajo. A veces me pregunto cuál será el próximo descarte. Debemos detenernos a tiempo. Diría que no debemos considerar estas cosas como irreversibles, no debemos resignarnos. Tratemos de construir una sociedad y una economía en las que el hombre y su bien, y no el dinero, sean el centro.

-¿Puede darse un cambio, una mayor atención por la justicia social, gracias a una economía que sea más ética o se puede pensar en cambios estructurales en el sistema?

-Antes que nada, hay que recordar que se necesita ética en la economía y también se necesita ética en la política. Muchas veces, varios de los jefes de Estado y líderes políticos que pude conocer después de mi elección a obispo de Roma me hablaron de esto. Han dicho: ustedes, los líderes religiosos, tienen que ayudarnos, darnos indicaciones éticas. Sí, el pastor puede hacer llamados, pero estoy convencido de que se necesitan, como recordaba Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate, hombres y mujeres con los brazos elevados hacia Dios para rezarle, conscientes de que el amor y el compartir de los que deriva el auténtico desarrollo no son un producto de nuestras manos, sino un don que hay que pedir. Y, al mismo tiempo, estoy convencido de que es necesario que estos hombres y estas mujeres se comprometan, a todos los niveles, en la sociedad, en la política, en las instituciones y en la economía, poniendo en el centro el bien común. Ya no podemos esperar para resolver las causas estructurales de la pobreza, para curar a nuestras sociedades de una enfermedad que sólo puede llevarnos hacia nuevas crisis. Los mercados y las especulaciones financieras no pueden gozar de una autonomía absoluta. Nunca resolveremos los problemas del mundo sin una solución de los problemas de los pobres. Se necesitan programas, mecanismos y procesos orientados a una mejor distribución de los recursos, a la creación de trabajo, a la promoción integral de los excluidos.
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-Muchos se han sorprendido por sus palabras sobre los pobres “carne de Cristo”. ¿Le molesta que lo acusen de “pauperismo”?
 -El pauperismo es una caricatura del Evangelio y de la misma pobreza. En cambio, San Francisco nos ayudó a descubrir el vínculo profundo que hay entre la pobreza y el camino evangélico. Jesús afirma que no se puede servir a dos amos, a Dios y a las riquezas. ¿Es pauperismo? La pobreza aleja de la idolatría, del sentirse autosuficientes. Zaqueo, después de haberse cruzado con la mirada misericordiosa de Jesús, dio la mitad de lo que tenía a los pobres. El del Evangelio es un mensaje que va dirigido a todos, el Evangelio no condena a los ricos, sino la idolatría de la riqueza, esa idolatría que nos hace insensibles al grito del pobre. Jesús dijo que, antes de ofrecer nuestro don ante el altar, debemos reconciliarnos con nuestro hermano, para estar en paz con él. Creo que podemos, por analogía, extender esta petición al estar en paz con nuestros hermanos pobres.
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-Usted ha subrayado la continuidad con la tradición de la Iglesia en esta atención por los pobres. ¿Puede dar algún ejemplo?
-Un mes antes de inaugurar el Concilio Ecuménico Vaticano II, el papa Juan XXIII dijo: “La Iglesia se muestra como es y como quiere ser: como la Iglesia de todos y, particularmente, la Iglesia de los pobres”. Años después, la elección preferencial por los pobres entró a los documentos del magisterio. Alguien podría pensar en una novedad, en cambio, se trata de una atención que tiene su origen en el Evangelio y se encuentra documentada ya en los primeros siglos del cristianismo. No es una invención del comunismo y no hay que ideologizarla, como a veces ha sucedido durante la historia. La Iglesia está lejos de cualquier interés político y de cualquier ideología: movida únicamente por las palabras de Jesús, quiere ofrecer su aporte a la construcción de un mundo en donde se custodien los unos a los otros y en donde se cuiden los unos a los otros.

Finalizo este artículo dejándoles este enlace a la historia de la Virgen Desatanudos en Argentina, quien ayer ha sido catalogada como popular entre las “clases populares” por una periodista argentina. Leyendo la explicación de la estampa verán que nada tiene que ver con “clases” ni simpatías políticas.

Los encomiendo especialmente a esta advocación que es luz para todos los cristianos, especialmente para los que pasan por los peores momentos, en que como reza su oración, nos da ejemplo de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas.

https://misionerosyperegrinos.wordpress.com/2015/05/28/mayo-una-oracion-a-maria-cada-dia-2905/

Elisa Shejtman

Fuente de la entrevista: 

http://www.lanacion.com.ar/1759154-francisco-a-veces-me-pregunto-cual-sera-el-proximo-descarte

Despertar a la Pasión del Señor – Enlaces.

Despertar a la Pasión del Señor – Enlaces.

El Blog SoyCuraYHabloDeJesucristo, cuyo capitán es el P. Miguel Ruiz Tintoré, mariólogo experto, me ha estado publicando un artículo por partes que yo a su vez compartí en las redes. Les dejo aquí los enlaces en compendio, agradeciendo al P. Miguel no solo la publicación, sino todo lo que nos da y enseña a todos con su profundísimo amor a Nuestra Madre Santísima cada día.

Por cierto, para quien quisiera consagrarse a Nuestra Señora no encontrarán mejor consejero y director en la materia. Solo tienen que escribirle un correo a la dirección que encontrarán en su blog.

Aquí van los enlaces:

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¡Que Nuestra Madre los llene de sus cuidados maternales!

Elisa shejtman